
A los cuatro años ya sabía escribir su nombre completo. Su madre se lo había enseñado con infinita paciencia apenas la pequeña Mariana Jazmín pudo dominar con sus manitos el cartón y el punzón. Ana María de Martínez, su mamá, se preocupó por aprender el sistema Braille aún cuando su única hija era todavía un bebé. Colgó su título de médica y se dedicó por completo a la estimulación de su chiquita, con la ayuda de su esposo Héctor.Han pasado 13 años y no se arrepiente. Al aprender el sistema Braille tempranamente, Mariana pudo educarse desde el jardín de infantes en la escuela común. Alcanzó tanta rapidez con su máquina de escritura de puntos que igualó a sus compañeros videntes. Egresó como banderada de la escuela primaria y el año pasado terminó 8º año con el mejor promedio en el instituto Imep.Sus logros escolares no hubieran sido posibles sin el sistema de lectura creado por Louis Braille, de cuyo nacimiento se cumplen hoy 200 años. Braille vio la luz el 4 de enero de 1809 cerca de París. Su método, difundido en 1829, es utilizado por millones de ciegos para poder acceder a la educación y a un trabajo.Aunque hoy existen computadoras lingüísticas altamente desarrolladas, no logran reemplazar al sistema Braille. “Este sistema es insustituible porque es lo más accesible. Casi todos los chicos aprenden con plantilla y punzón. Si bien hay programas de computación para ciegos, la tecnología es muy cara. Con la máquina de escribir Braille se logra ir al mismo ritmo que los demás videntes. El problema es que es que su precio es muy elevado. A nosotros nos costó alrededor de U$S 1.600. Algunas vienen de Alemania y otras de Estados Unidos”, cuenta Ana María.
Campeona de natación
Integrada en la escuela, sin la barrera de la lectura visual, Mariana incursionó en muchas disciplinas; aprendió baile, gimnasia artística, pintura, patinaje y ahora es campeona nacional de natación, por dos años consecutivos. Además, participa de los programas de Radio Universidad y compitió en varios certámenes de cuento y poesía, porque también descubrió su veta literaria, después de leer muchos textos, siempre en Braille.“Cuando sea grande quiero ser cantante, bailarina y actriz; todo lo que se relacione con la fama”, afirma la adolescente, con frescura y simpatía. “Este año pienso seguir con natación, que me encanta, y hacer equitación en invierno”, proyecta sin dejar de sonreír.La máquina Braille es la compañera inseparable de Mariana. “La llevo todos los días al colegio. Como es muy pesada no entra en mi mochila. Me ayuda a cargarla mi mamá o algún compañero”, cuenta. Pero ahora, como ella, su máquina está de vacaciones.
Bajando el punzón

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