La fundación para niños discapacitados Martha Chacón, en Bogotá, debe ser la única del mundo en donde los 'especialistas' padecen de agresividad, hiperactividad, depresión y hasta tendencias suicidas. Y también son niños.
No es un disparate, sino una metodología, sencilla y revolucionaria: una especie de hogar que, pese a su pobreza insistente, les abre la puerta a alumnos 'problema' y los convierte en padrinos que ayudan al tratamiento de la parálisis cerebral, el autismo o el retardo mental de sus compañeros.
Funciona en Kennedy, en Britalia, uno de los barrios más populosos, y parece un regalo de Dios para una localidad en la que, según el Dane, está la mayor población de discapacitados de Bogotá, con cerca de 30.000 casos.
Se trata de una casa añosa, convertida a la fuerza en colegio. Angie, una joven universitaria que apenas sobrepasa los 20 años, es quien abre la puerta casi siempre.
Su nombre también parece un asunto divino: ella es el 'ángel' que está a cargo de los menores, 43 en total, entre padrinos y apadrinados, y es, en buena parte, la responsable de que todo marche normal.
Normal es que las convulsiones de Juan Pablo*, de 12 años, no duren muchos minutos; que Franco no se corte los brazos para asustar a sus compañeros, o que Martha, una niña autista desde los 4 años -desde cuando presenció el asesinato de sus padres-, no esculque y coma de la basura o del botiquín.

Adentro, es cierto que cada niño es una historia desgarradora. Pero es verdad también que, al unir una historia con otra, las desgracias parecieran desaparecer, parecieran cosas menores. Ningún niño es más especial que otro, bastan apenas unos minutos con ellos para darse cuenta. La sensación es la de una familia grande.
"Aquí todos son iguales. Qué importa que Santiago (de 12 años) tenga líos de droga, o que Fernando haya intentado matar a martillazos a su mamá dos veces. Lo que vale es que son los padrinos de Lucas y de Mónica, y que tienen que responder por ellos", dice Angie, quien cursa octavo semestre de Educación Especial en la Universidad Pedagógica de Colombia.
La idea de estos 'padrinos mágicos' es, en esencia, que un niño que se siente indispensable para la vida de otro aprende más rápido impulsado por el deseo inherente de enseñar. Esa teoría, que es famosa en el barrio y a la que se han unido de una u otra manera entidades como el Instituto de Recreación y Deporte (IDRD), el Hospital del Sur -que le presta personal capacitado en psicología, trabajo social y enfermería- y algunas universidades que aportan practicantes, no es de Angie sino de la 'profe' Martha, su mamá, quien arrancó con esa idea hace ocho años y la convirtió en una fundación legal hace apenas cuatro.
Y aunque los recursos son quizá la mayor limitación de todas, la Fundación Martha Chacón sobrevive del aporte voluntario que dan los papás de los niños, la mayoría de estratos 1 y 2. Cumple una jornada académica como cualquier colegio, los estudiantes tienen ruta, uniforme y agenda y hasta organizan paseos pedagógicos, carnavales y una feria de la ciencia.
Una idea que funciona
Martha es una mujer diminuta, de sonrisa grande y de voz fuerte. Le ha dedicado 25 años de su vida a la educación, 15 de ellos a la especial. No sabe bien de dónde le vino ese amor; ni ella ni ninguno de sus cuatro hijos tiene limitación alguna. Está segura de que su método funciona. "A los chicos hay que darles la importancia que ellos tienen. Ellos son capaces. Eso es todo", dice enfática.
Luego, junta sus manos contra el cuerpo en actitud de marcialidad y, con la autoridad que le dan su licenciatura como docente y al menos una veintena de diplomados en educación, les echa la culpa de los comportamientos negativos de sus niños al poco tiempo que sus padres les entregan y a la disfuncionalidad de las familias.
Precisamente, sobre la soledad, relata momentos terribles que han vivido niños con alguna limitación, que ella ha tenido que buscar para llevarlos a la Fundación. "Es cruel, pero a la mayoría los he encontrado amarrados. Sus papás se tienen que ir a trabajar y no saben qué hacer con ellos", relata.
Entonces, la 'profe' empieza con el discurso de que el modelo de educación especial, tal y como está planteado hoy en el país, no funciona.
"El concepto que manejan el Gobierno y muchos colegios privados es el de inclusión social. Es decir, la idea de que al niño discapacitado hay que meterlo dentro de un aula con niños funcionales. Eso no funciona en la práctica. Termina siendo exclusión", dice.
Para comprobarlo, habla de la historia de Juliana, una pequeña de 4 años, invidente desde hace tres, que, al escuchar el sonido de una moneda golpeando el portón, se apresura para guardar sus colores en una maleta de princesas.
"La niña ha pasado por muchos colegios en los que sus capacidades se veían disminuidas, porque se quiera o no, la lástima de todo el mundo la acomplejaba y la arrinconaba", dice a secas Cielo Morales, la abuela que la recoge.
La escena adentro es muy diciente. Alfredo, el padrino de la pequeña, permanece de pie a centímetros de la niña, sin tocarla, y con cierto dejo de angustia la guía hasta la puerta.
"Escucha mi voz, por ahí no es; te digo que escuches mi voz", le dice como intentando frenar los movimientos torpes que la hacen estrellarse contra todo.
Juliana, aunque se demora un poco, ya es capaz de desplazarse por toda la casa sola. "Es una rumba. Cada pasito, cada palabra, cada cosa nueva que ellos aprenden hace que esto valga la pena. No hay duda, trabajar con estos niños es una bendición", sostiene Angie. Buscan aval del Icbf
Luis Ernesto Cortés, director del Icbf Bogotá, se mostró muy interesado por el método de Martha, aunque afirmó no conocerlo ni tener ningún vínculo. "Enviaremos un equipo a conocer la metodología", anunció.
Opinión ¿Qué dicen los expertos del aprendizaje?
Patricia Londoño, docente de la U. Santo Tomás e investigadora en el tema: Esta iniciativa no sólo me parece viable sino importante. Hay que tener claro es que todos esos niños, más que limitaciones, tienen habilidades que a menudo no desarrollan por su misma condición. Todas las estrategias para desarrollar esas potencialidades son válidas.
Fulvia Cedeño, consultora de la Fundación Saldarriaga Concha: Si nuestra educación fuera de calidad, no habría niños 'problema' por fuera de las escuelas o expulsados. Como no es así, celebro iniciativas como la de Martha, porque es comprometer a los niños con un proyecto de vida. Cuando una persona es responsable de la vida de otra, se siente importante y tiene que ceder.
* Los nombres de los niños han sido cambiados.
Fuente: ANDRÉS ROSALES GARCÍA - REDACCIÓN DOMINGO www.eltiempo.com
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