*** Una de cada 150 personas sufre intolerancia al gluten
*** Muchos casos no se diagnostican o se detectan en la edad adulta
*** La oferta de productos sin gluten supera ya los 1.100 alimentos Cristina podrá seguir tomando sidrinas, pero de las naturales, las de su tierra, Asturias. Sin embargo, ya no podrá ir de cañas, ya que la cerveza contiene gluten, proteína que no tolera bien porque tiene enfermedad celiaca. Lo atípico de su historia, un diagnóstico a los 25 años, ilustra en cierta manera un trastorno que es poco conocido por la población.
Molestias gástricas, digestiones pesadas y distensión abdominal. Estos síntomas llevaron a Cristina a la consulta del médico de cabecera. Después de pensar en las consecuencias del estrés relacionado con su trabajo, el periodismo, se comenzó a investigar otra causa para esas molestias.
Tras un par de meses de búsqueda se encontró el diagnóstico: enfermedad celiaca. Desde entonces su vida no ha cambiado tanto pero su estado físico sí. "Me encuentro mejor. Quizás no por los síntomas porque no siempre los notaba pero sí porque ahora como más sano y eso me está ayudando a perder peso", explica.
La enfermedad celíaca se trata de una intolerancia a una proteína, denominada gluten, que está presente en el trigo, el centeno, la cebada y posiblemente la avena. Si una persona presenta una predisposición genética, una dieta con estos ingredientes desencadena una respuesta de su sistema inmunitario que actúa a modo de agresor sobre el intestino que queda incapacitado para la absorción de nutrientes.
Lo primero que hizo al conocer que tenía celiaquía fue hablar con su familia. Debían descartar la presencia de este trastorno entre sus parientes más cercanos. "Los familiares de primer y segundo grado tienen un riesgo entre un 10 y un 15% mayor de padecer la enfermedad", afirma Manuela Márquez, directora de la Asociación de Celíacos de Madrid.
Tanto los resultados del análisis que se realizó la hermana de Cristina como los de su madre han dado negativo a la enfermedad. Sin embargo, es posible que a pesar de esto la puedan tener. "Los marcadores en sangre pueden dar algún falso negativo y falsos positivos. Por estos errores se hace una biopsia, para tener un diagnóstico definitivo", explica la doctora Enriqueta Román Riechman, jefa de servicio de pediatría del Hospital de Fuenlabrada de Madrid.
De momento, ninguno de los parientes de Cristina se ha realizado una biopsia mediante gastroscopia, prueba que consiste en introducir un tubo, de unos 12 milímetros, por la boca hasta llegar a las primeras porciones de intestino y una vez allí se toman varias muestras de tejido que posteriormente se analizan. Aunque existe otra forma, a través de la ingesta de una cápsula unida a un tubo hueco, este método está un poco en desuso.
Sin gluten desde el diagnósticoDesde el mismo día en que le dieron el diagnóstico definitivo, Cristina inició su nueva dieta. "No lo llevo mal. Lo que peor me sentó fue no poder comer 'morenitos' (dulces de chocolate y galleta) durante la Navidad; los mantecados y turrones me dieron un poco igual", afirma.
Su día a día, difiere muy poco del que tenía antes. Eso sí, ahora se fija mucho más en el etiquetado de los productos. Explica que se ha sorprendido al comprobar cómo alimentos de los que nunca hubiera sospechado que llevarían gluten, sí tenían. "Muchos tipos de jamón de york contienen gluten, algunos chocolates también, la tortilla de patatas si lleva levadura ¡y las pipas! ... Nos alimentamos de harina".
Ella ha optado por comer menos fuera de casa. "Es complicado ir de tapas, o comer en ciertos sitios ya que no sabes si las salsas de ciertos platos llevan harina, o si hay algún tipo de colorante o conservante que contenga gluten. La verdad es que ahora me alimento mejor. Mucha verdura. Pescado asado. Pasta sin gluten... Además, he descubierto que el mercadona es el paraíso del celíaco. Tienen un montón de productos, y no muy caros".
Pasado el primer susto de su madre, que se tranquilizó al comprobar que había muchos alimentos que podía tomar a pesar de la enfermedad, el resto de su familia lo lleva bien. A Raúl, su novio, le ocurre lo mismo, al conocer la noticia de su diagnóstico le dijo: "Bueno, sabemos que eres especial".
UN ICEBERG DE TRIGOSe compara con un iceberg. La parte visible de este iceberg representa a los celíacos diagnosticados, pero el número de afectados (la zona invisible) es mucho mayor. Aunque durante mucho tiempo se ha identificado con la infancia, cada vez son más las personas adultas con la enfermedad. Este trastorno, además de ser díficil de detectar, puede desarrollarse en la etapa adulta con síntomas muy diversos que van desde molestias gástricas hasta infertilidad.
Se estima que esta enfermedad se da en uno de cada 150 individuos. Aunque en España cada vez se diagnostica más, en general se habla de que hay de tres a 10 casos sin detectar por cada uno conocido. El motivo fundamental de ese iceberg es que alrededor del 70% de los celíacos no tiene síntomas o no se relacionan con este trastorno.
En personas genéticamente predispuestas, el gluten produce una reacción inmunológica que consiste en que las células defensivas del propio organismo comienzan a destruir las vellosidades intestinales, una especie de hilos o prolongaciones, lo que da lugar a una mala absorción de nutrientes.
En los niños puede darse un retraso del crecimiento, poco apetito, diarreas, anemia, etc. Sin embargo, cuando la enfermedad se detecta en la etapa adulta sus efectos visibles van desde osteoporosis, distensión abdomnal, estreñimiento, depresión, infertilidad, abortos de repetición...
"El médico de cabecera debe tener más sensibilidad para sospechar la enfermedad. La misma enfermedad se manifiesta en piel, huesos, aparato genital, esmalte dental... Hay niños que tienen los dientes agrietados, pequeños y puntiagudos, otros presentan dermatitis continuada...", explica Isabel Jiménez Alonso, médico adjunto del servicio de digestivo del Hospital Universitario de La Princesa en Madrid.
Según Manuela Márquez, directora de la Asociación de Celiacos de Madrid, "todas las semanas llegan celíacos adultos a este centro. Han pasado una vida tristísima, muchos de ellos con enfermedades asociadas, algunas de tipo autoinmune muy serias [...] Todavía existe mucho desconocimiento, incluso por parte de los médicos. Se trata de un problema de salud pública, las administraciones implicadas están incurriendo en una gran irresponsabilidad por su pasividad ante este tema".
La Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE) tiene convenios con unas 50 empresas y ya son más de 1.100 los productos que se fabrican sin gluten. "En la actualidad, en el mercado existen todo tipo de alimentos sustitutivos a aquellos que contienen gluten. Se venden galletas, bizcochos, empanadas, croquetas, pasta, calamares... Todos ellos sin gluten", afirma Manuela, madre de un hijo con esta enfermedad.
Sin embargo, todavía existen puntos negros en torno a esta enfermedad. Uno de ellos es el escaso conocimiento que tienen en los restaurantes sobre qué platos pueden ofrecer a un paciente. Hay que saber que no se pueden cocinar en la misma sartén donde antes se haya puesto un producto con gluten ya que el alimento se contamina. "Es importante advertirlo y cumplirlo porque pequeñas cantidades pueden desencadenar un cuadro de celiaquía", afirma Isabel Jiménez. La página web de FACE ofrece un completo listado de restaurantes, tiendas y herboristerías donde se pueden encontrar productos libres de gluten.
Otra laguna es el menú escolar. "Sólo la Comunidad Valenciana y la Andaluza tienen una normativa que obliga a los comedores escolares a ofrecer menús alternativos sin gluten, es decir, que si ese día hay filete empanado al niño celíaco le pongan un filete a la plancha y si tienen pasta que la suya sea sin gluten", explica Manuela Márquea que reivindica que en el resto de comunidades se debería hacer lo mismo.
No obstante, Enriqueta Román Riechman, jefa de servicio de pediatría del Hospital de Fuenlabrada de Madrid, insiste en que hay que desdramatizar la enfermedad, "lo importante es diagnosticarla a tiempo. Los familiares y afectados acabarán siendo unos expertos en los alimentos sin gluten. Una vez que se sigue la dieta, dejan de ser enfermos", afirma.
Como no hay un tratamiento que cure la intolerancia, la dieta sin gluten es de por vida y hay que hacer un seguimiento periódico a estos pacientes. Se trata de realizar análisis cada uno o dos años para comprobar, sobre todo en los niños, si ha habido alguna transgresión a la dieta voluntaria o involuntaria.
Algunos consejos para hacer un buen cumplimiento de la dieta son tener cuidado con los siguientes alimentos:
* Las tortillas de patata pueden llevar levaduras que contengan gluten.
* Las patatas fritas han podido hacerse en sartenes o aceites donde se hayan frito empanados.
* Los guisos han podido espesarse con harinas.
* Los purés de verduras pueden llevar picatostes
* Los arroces se han podido utilizar colorantes con gluten
* Algunos helados, chocolates, caramelos y golosinas pueden contener gluten
* Los alimentos a granel deben eliminarse.
Fuente: elmundo.es