
A través de datos obtenidos en la ciudad de Chicago entre 1994 y 2002, se analizó a jóvenes de entre 5 y 17 años, que fueron evaluados durante meses como parte de un programa social llamado Proyecto de Desarrollo Humano en las Familias de Chicago (PHDCN, por sus siglas en inglés), mientras que los lugares y fechas de los asesinatos cometidos en ese periodo se obtuvieron de la Policía de la ciudad.
Sharkey, a analizar los resultados de los exámenes junto a los datos policiales, ha podido constatar que los jóvenes que residen en una misma zona sacan peores puntuaciones cuando se acaba de cometer un homicidio en su barrio, aunque no hayan sido testigos directos del mismo. Además, los resultados mermaban significativamente si el crimen era reciente, sobre todo si se había producido en la misma semana. En cambio, los chicos que habían sido examinados antes de que se produjera un determinado homicidio, o varios meses después del mismo, sacaban mejores puntuaciones que aquellos que aún se encontraban bajo los efectos traumáticos del mismo.
Así, la investigación ha permitido estudiar cómo los efectos del estrés, los traumas y el miedo provocan una serie de anomalías como la falta de sueño, ansiedad o déficit de atención y concentración, las cuales, a su vez, reducen las capacidades cognitivas.
Fuente: PNAS ON LINE
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