
Extensión nacional. Propiedades y características.
La conjunción de la ciencia y la tecnología ha propiciado el abordaje e instrumentación práctica en los últimos tiempos sobre una instancia que se relaciona de manera directa con aspectos e inquietudes sociales latentes. En este sentido, hoy Tucumán es pionera en el avance de investigaciones que tienen como patrón principal de análisis a la salud nutricional. El mejor ejemplo de ello es la actividad desarrollada por el Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA) que es una de las unidades ejecutoras que posee el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la provincia. Su labor se ha visto prestigiada, una vez más, a partir de la elaboración del proyecto denominado "Yogurito", focalizado no sólo como una innovación científica sino además caracterizado como una política de seguridad alimentaria que resulta beneficiosa para el bienestar de la población.
Proyección nacional
Ante todo, debe señalarse que este producto lácteo se inscribe en la categorización de alimentos probióticos, es decir, microorganismos vivos reconocidos como habitantes normales del intestino humano que, al ser ingeridos, potencian las propiedades de la flora intestinal y otorgan una serie de beneficios al huésped.
"Yogurito fue una iniciativa de nosotros, que como hombres de ciencia, delineamos de qué manera colaborar con la calidad de vida de la gente, impulsados fundamentalmente por los casos de desnutrición infantil que ocurrieron en 2003. Eso nos llevó a presentar la idea proyecto al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y a la Secretaría de Estado de Innovación y Desarrollo Tecnológico (SIDETEC), a partir de lo cual generamos un grupo multidisciplinario donde todos teníamos un objetivo en común que era mejorar la salud de los niños, su estado nutricional", comentó, para EL SIGLO, Graciela Font de Valdéz, directora del CERELA.
Así también destacó el nivel de progreso que fue adquiriendo esta iniciativa que, en un principio y luego de haber obtenido el financiamiento necesario, se desarrolló en una escala piloto para luego en 2007 realizar estudios exploratorios en cuatro comedores comunitarios de zonas muy vulnerables del Gran San Miguel de Tucumán.
Un año más tarde se establecieron sendos convenios tanto con el Gobierno provincial lo que posibilitó extender la cobertura para la asignación de este fermento láctico a cerca de 100 mil niños de la geografía local, como así también se lograron acuerdos entre CONICET y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación para ampliar la extensión de aplicación a todo el país de manera gradual. Esto último posibilitó que durante este mes el programa llegara a San Juan donde 25 mil niños (en un primer período) recibirán su ración de Yogurito y se estima que en marzo de 2011, cinco mil infantes de Chaco también cuenten con los beneficios de este alimento. Vale la aclaración que en el caso de la segunda región nombrada, dado que aún carece de una capacidad operativa, PYMES o cuencas lechereas propias, el producto será elaborado por la empresa comarcana denominada "Cerros Tucumanos" mientras que la Asociación de Productores de Leche de Tucumán -APROLECHE- es la que proveerá el alimento a la provincia chaqueña. Con posterioridad, la idea es poder producirlo a base de polvo (deshidratado) para dinamizar el proceso y evitar dificultades atinentes a la continuidad de la cadena de frío.
Propiedades benéficas
De acuerdo a lo señalado a este medio por Susana Álvarez (investigadora a cargo del Laboratorio de Bioquímica y Clínica Experimental del CERELA) los alimentos con estos microorganismos "aumentan su valor nutricional, producen vitaminas (B12), disminuyen la intolerancia a la lactosa (ya que las bacterias lácticas tienen la propiedad de poder digerir a la lactosa), disminuyen la inflamación a nivel de hígado y tienen un efecto sobre el sistema inmune de tal manera que aumentan nuestras defensas frente a infecciones (intestinales y respiratorias), ya que en el caso de las mucosas están expuestas al ingreso de microorganismos patógenos", indicó la profesional a modo de esquematizar algunas de las características que poseen los productos probióticos.
En relación a ello, recalcó que no todas las bacterias lácticas tienen las mismas propiedades, sino que manifiestan cada una de ellas particularidades específicas. Ambas catedráticas resaltaron que su grado alimentario resulta seguro para el consumo humano debido a las propiedades que presentan, incluso estudios comprobaron que tienen la capacidad de reducir el colesterol, prevenir infecciones urogenitales o protector de la mucosa gástrica e incluso adquiere efectos sobre algunos tipos de carcinoma (lo que se encuentra en una etapa experimental).
Más allá de que la ingesta del yogur probiótico se encuentre indicada a la población en general, se prefiere y el programa en sí ha puesto el acento en aquellos grupos de riesgo como niños, ancianos y embarazadas por ser el núcleo más propenso y vulnerable a sufrir agresiones a su salud. No han sido catalogados hasta el momento ningún tipo de contraindicaciones, pero lo que sí resulta de un necesario planteo explicativo se basa en que el consumo de microorganismos probióticos debe establecerse en una determinada cantidad, pues es de suma importancia que durante la digestión lleguen vivos al intestino y que su efecto se torne factible. "Lo importante es el consumo continuo, no importa que no sea todos los días, en los niños lo recomendamos tres veces a la semana, por una cuestión de evitar cansarlos con un mismo alimento. La cantidad de la dosis óptima es 140 cm3, pero tampoco hay problemas en comer más porciones. A lo que se apunta es que la bacteria se mantenga viva, de modo tal que el organismo tienda a volver a su equilibrio ecológico de manera fisiológica", ejemplificó Álvarez.
Uno de los tópico que precisan de cierta aclaración es el referido a informaciones que daban cuenta de factores negativos de estos alimentos funcionales (que tienen incorporado un ingrediente o aditivo que aporta beneficios al huésped) pues sostenían que su ingesta provocaba una tendencia adictiva (en el caso de Actimel) además de considerar que los microorganismos eran componentes formados por el propio cuerpo humano.
Esto fue categóricamente desmentido por las investigadoras consultadas pues "el ser humano no fabrica microorganismos probióticos. Las bacterias lácticas se encuentran en la naturaleza y son seleccionadas por sus propiedades biológicas y tecnológicas", apuntó la doctora Font.
Fuente: elsigloweb.com
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