
Los niños que viven en hogares donde al menos un padre carece de empleo se enfrentan potencialmente a diversos problemas emocionales, desde estrés y depresión hasta mal rendimiento en la escuela y problemas conductuales. Además, el menor estándar de vida y la pérdida del seguro de salud con frecuencia llevan a una mala salud entre muchos de estos niños, lamentan los expertos.
"Cuando hay un descenso de nivel, los niños sufren una carga significativa", aseguró el Dr. Christopher Bellonci, profesor asistente de psiquiatría de la Facultad de medicina de la Universidad de Tufts, en Boston.
"Cuando a las familias les va bien, pueden proteger contra parte de este estrés. Cuando no es así, los niños también lo perciben".
A nivel nacional, uno de cada siete niños (10.5 millones de niños) tienen un padre desempleado, apuntó la Dra. Audrey Walker, directora de psiquiatría infantil y adolescente del Hospital Pediátrico del Centro Médico Montefiore en la ciudad de Nueva York.
En una encuesta reciente de CBS News/New York Times de más de 700 adultos desempleados, casi la mitad que reportaron estar desempleados durante seis o más meses afirmaron que las vidas de sus hijos habían cambiado. Casi el 40 por ciento apuntó que habían notado cambios en la conducta de sus hijos.
Para los niños criados en familias acomodadas de clase media, este podría ser su primer enfrentamiento con las dificultades.
Para los que vienen de hogares que ya están en desventaja, perder aún más ingresos significa un estrés incluso mayor. Las necesidades básicas como los alimentos, la ropa y los artículos escolares comienzan a disminuir.
El desempleo a largo plazo puede significar asistencia pública para una familia que nunca ha tenido dificultades económicas, o forzar una mudanza, según Ariel Kalil, profesora y psicóloga del desarrollo de la Facultad de estudios de políticas públicas Harris de la Universidad de Chicago.
"Típicamente, la gente pensaba antes que la pérdida de trabajo sólo sucedía en familias de bajos ingresos", señaló Kalil, que ha estudiado el tema. "Lo importante de esta recesión es la cantidad de familias de clase media y media alta que han perdido empleos y experimentan inseguridad económica. Este tipo de choque inesperado puede tener efectos psicológicos sobre los padres, que se filtran a los niños".
Entre las señales comunes de angustia emocional en los niños se encuentran rabia y ansiedad sin explicación, apuntó Marta Flaum, psicóloga infantil de Chappaqua, Nueva York. Los cambios rápidos en las conductas sociales, que incluyen actos agresivos, y el rendimiento escolar también son señales. Los preadolescentes y adolescentes podrían ser los más afectados, porque están más conscientes de lo que sucede a su alrededor y sienten las consecuencias sociales del desempleo de forma más aguda. Hay menos dinero para las actividades extracurriculares, y su vida hogareña puede verse afectada.
Para ayudar a los niños a soportar emocionalmente las dificultades financieras, Walker y otros expertos ofrecieron varios consejos para los padres:
***Hable con sus hijos sobre la nueva realidad de la familia, pero intente no transmitir pánico. Sea positivo y consuele todo lo que pueda.
***Escuche a sus hijos.
***Esté atento a señales de ansiedad, preocupaciones y temores. Algunas podrían ser muy sutiles.
***Si cree que hay un problema, primero hable con el maestro de su hijo. Si se trata de un problema grave, busque ayuda psicológica.
***Si el matrimonio está en dificultades, intente mejorarlo. Los problemas matrimoniales añaden a la carga del niño.
***Si usted o su pareja experimenta ansiedad excesiva o depresión, busque ayuda.
Un padre desempleado que escuchó estos consejos y los implementó fue Colin Fox, de Brewster, Nueva York. Fox fue despedido de su trabajo en comunicaciones internas en 2008. Su esposa, Sue, sigue trabajando, pero sus dos hijos adolescentes saben que la vida ya no es la misma.
"Les hablamos, y parecen comprender que el dinero está más escaso", apuntó Fox, que usa su despido como oportunidad para hacer carrera en terapia ocupacional. "Pero mi hijo de 16 años, Brian, está preocupado por sus gastos universitarios. Siempre tuvo en cuenta lo cara que resulta la universidad. Ahora, realmente lo comprende".
Fuentes: Christopher Bellonci, M.D., assistant professor, psychiatry, Tufts University School of Medicine, Boston; Audrey Walker, M.D., director, child and adolescent psychiatry, Children's Hospital of Montefiore Medical Center, New York City; Ariel Kalil, Ph.D., professor, Harris School of Public Policy Studies, University of Chicago; Marta Flaum, Ph.D., child psychologist, Chappaqua, N.Y.; Colin Fox, Brewster, N.Y.
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