Pero es muy frecuente que algunos de los problemas sean los propios de cualquier niño de su edad, agravados por hecho del retraso en su desarrollo evolutivo y madurativo, y que requieran ser tratados con una metodología y disciplina adecuadas, como a cualquier otro niño. Con este fin, ofrecemos las orientaciones que recomienda el Dr. John Pearce, profesor de Psiquiatría Infantil en la Universidad de Nottingham.
Muchos de nuestros hábitos diarios están centrados en torno a las actividades de prepararse para la cama, ir a dormir y levantarse por la mañana. Esto no es tan sorprendente, puesto que se trata de momentos de cambio en los que la rutina regular puede hacer la vida más fácil y reducir parte de la ansiedad y sentimientos de inseguridad que tan a menudo acompañan al cambio.

Un buen hábito para dormir es una de las primeras rutinas que adquieren los niños. Pero aproximadamente uno de cada tres bebés y niños menores de cinco años tendrá problemas para dormir y, de ellos, alrededor de un 30 % podrán sufrir un problema serio. Afortunadamente, este alto porcentaje de perturbación del sueño mejora a medida que los niños se hacen mayores, de tal forma que a los ocho años la frecuencia de los problemas en torno al dormir disminuye de diez a uno.
Los niños afectados son muchos y, sin embargo, pocos padres están seguros de lo que deben hacer con respecto a los problemas del dormir, los cuales quizá hayan alcanzado proporciones epidémicas. ¿Por qué? He aquí algunas posibles explicaciones:
Pocas familias tienen una rutina regular para la hora de acostarse.
A los padres, agotados de cansancio, les resulta difícil ser firmes y consecuentes.
Los sentimientos de culpa conducen a los padres a ser demasiado indulgentes.
Expertos en el cuidado de los niños, médicos, parientes y amigos ofrecen a veces consejos contradictorios.
Hábitos normales del dormir
Un recién nacido se pasa la mayor parte del día y de la noche durmiendo, pero de forma continua sólo duerme durante períodos relativamente cortos de unos 20 minutos aproximadamente. Esto quiere decir que los bebés se despiertan de forma natural cada 20 minutos o menos, pero si están contentos y tranquilos probablemente alargarán el tiempo de sueño. Así pues, es normal que los bebés se despierten y lloren con mucha frecuencia.
Los niños a los tres meses pasan más tiempo despiertos durante el día que durante la noche, pero también hay cuatro o cinco períodos de desvelo durante la noche en los que el niño puede permanecer tranquilo o ponerse a llorar. Más tarde, hacia los seis meses de edad, los niños pasan durmiendo un tiempo razonablemente largo durante la noche (hasta 15 horas), estableciéndose un claro patrón de sueño día/noche. Por esta razón es mejor esperar como mínimo hasta los seis meses de edad antes de tomar la decisión de corregir el horario de sueño de un niño.
A los seis meses de edad la mayoría de los niños tienen instaurado un ciclo razonablemente estable de sueño/vigilia, pero a los dos años ya se suele haber roto, especialmente si no había quedado bien establecida una rutina regular de sueño. Dormir, al igual que comer, asearse y vestirse es un hábito diario que requiere una práctica regular antes de quedar bien establecido. Hay varios factores que hacen que los niños sean más propensos a desvelarse por la noche.
Por ejemplo:
temperamento (los niños con fuertes emociones y escasa adaptabilidad al cambio son más propensos a tener problemas para dormir)
dificultades en el parto y bebés irritables con cólico
padres con ansiedad y preocupaciones
darles el pecho o el biberón por la noche después del primer año de edad
dormir en la misma habitación que los padres
padres demasiado sensibles.
Está demostrado que los niños duermen actualmente menos horas que durante la primera mitad de este siglo. De todos modos, si los acostumbramos lo suficientemente temprano y no los molestamos, la diferencia desaparece. Aparentemente, ¡nuestro estilo de vida actual da a los niños menos oportunidades de dormir que las que tenían sus abuelos cuando eran pequeños!
¿Por qué preocuparse por el dormir?
Algunas personas creen que no es necesario preocuparse por el sueño de los niños ya que ellos terminan por solucionarlo de forma natural si los dejas solos y no te preocupas más por ello. Pero está demostrado que la falta de sueño tiene efectos negativos en el niño y en sus padres.
La falta de sueño conduce a una concentración deficiente y a la irritabilidad (después de 24 horas sin dormir), seguidas de ansiedad y sentimientos de depresión (después de 48 horas). Estos efectos los comparten niños y adultos. Pero hay una gran diferencia entre ambos: cuando un niño está muy cansado tiende a acelerarse, se vuelve inquieto y aparentemente lleno de energía; en cambio, la mayoría de los adultos van decayendo y se quedan sin energía.
La combinación de un padre cansado e irritable con un hijo inquieto e insomne no es de lo más feliz. Pero éste no es el único problema que podrá causar el niño que no duerme. Los padres necesitan tiempo para ellos mismos y para comunicarse y disfrutar de una intimidad compartida. Un niño insomne puede hacer esto muy difícil.
A pesar de ser obvia la necesidad de dormir, no hay ninguna manera de poder forzar a un niño a que duerma. ¡De hecho, decirle a un niño que se vaya a dormir, normalmente lo despierta más! Así pues, no te molestes en controlar el sueño de tu hijo. Todo lo que puedes hacer es procurar que el niño goce de las condiciones necesarias para dormir. En otras palabras, que esté en una cama confortable y en una habitación oscura y tranquila. Está demostrado que el hecho de descansar simplemente en la cama por la noche es casi tan beneficioso como el dormir.

El niño insomne. ¿Hay soluciones fáciles?
La mayoría de los padres intentarán cualquier cosa para calmar al niño que no duerme. Hablarle con ternura, volver a arreglar la ropa de la cama, acariciarle, mecerle o abrazarle cariñosamente son los métodos más normales. Hay soluciones más desesperadas, como salir con el niño a caminar por la calle en plena noche o salir a dar una vuelta con el coche. Si nada funciona, se mete al niño en la cama de los padres o alguien se instala con el niño. ¡Fácil y efectivo! El niño deja de llorar y finalmente se duerme, pero, ¿cuál es el precio?
Los niños se dan cuenta muy pronto de que si se mantienen despiertos y gritan pueden controlar a sus padres y obtener más abrazos y atención extra, y en muy pocos meses hacen que esto funcione. De hecho, los niños arrastran con mayor facilidad a sus padres a una rutina nocturna que a la inversa.
Los sedantes son otra forma aparentemente fácil de tratar al niño insomne, y si la dosis es lo suficientemente grande su funcionamiento está garantizado. De todos modos, los mejores sedantes no son efectivos para más de cuatro horas, a menos que la dosis sea tan grande que los efectos secundarios de somnolencia e irritabilidad se puedan apreciar todavía al día siguiente.
Un efecto de rebote que incremente la dificultad para dormir puede hacer difícil dejar los sedantes, mientras que todavía hay que hacer frente a los problemas subyacentes del sueño.
Estas soluciones fáciles y rápidas son efectivas a corto plazo, pero tienen un precio. Lo mismo que un crédito, hay un beneficio inmediato, ¡pero tienes que pagarlo más tarde! Al final, el niño debe dejar los sedantes o salir de la cama de los padres porque, de otro modo, puede volverse dependiente de ellos o de una persona que se quede con él para ayudarle a dormir.
La única ocasión en que los sedantes podrían estar justificados es en una crisis, cuando el tiempo de medicación no pasa de tres o cuatro días. Si ha de alargarse más es mejor buscar otras alternativas.
La noche es para dormir y...
La noche da para algo más que para sólo dormir. Descansar también es importante, y los padres necesitan tener algo de paz, tranquilidad y tiempo para ellos.
Aunque de forma no tan patente, es durante la noche cuando los niños comienzan a aprender a tener confianza en sí mismos, a no depender de nadie más. La noche es una de las pocas ocasiones en que los niños están completamente solos durante un tiempo largo (en su propia cama, tranquilos e independientes incluso si hay otros niños en la misma habitación) y, por lo tanto, capaces de aprender a sentirse a gusto consigo mismos y a ir adquiriendo confianza en sí mismos.
El hecho de adquirir confianza en sí mismos y desarrollar cierta independencia parece más urgente en la actualidad, puesto que se espera que los niños afronten el mundo exterior a la familia a una edad mucho más temprana que la generación anterior. Ser capaz de sentirse solo y seguro en la oscuridad durante la noche ayudará al niño a desarrollar la confianza necesaria para afrontar nuevas experiencias como, por ejemplo, el inicio de la escuela.
Como puedes ver, la noche es para dormir y para...
descansar y reponerse (sólo con estar tumbado en la cama es suficiente)
que los padres tengan paz y tranquilidad
que los padres tengan tiempo para hacer lo que quieran
aprender a estar solo
tener la oportunidad de desarrollar la confianza en sí mismo
aprender a afrontar la oscuridad.
Prepararse para la cama
Es muy importante establecer una rutina regular para la hora de acostarse. Una de las principales razones por la que los programas para dormir no funcionan es porque no se hace el esfuerzo suficiente para dejar bien establecida la rutina para la hora de acostarse. Te recomiendo lo siguiente:
Establece con tiempo suficiente una rutina detallada que convenga a toda la familia.
Empieza la rutina una hora antes de ir a la cama.
Escribirlo todo en una hoja de papel puede ser muy útil.
Fija una hora de acostarse que se pueda mantener.
Ve recogiéndolo todo poco a poco.
Haz siempre las mismas cosas en el mismo orden.
Una vez que el niño esté en la cama, quédate con él sólo un rato corto, a menos que haya buenas razones para permanecer más tiempo. Los niños, obviamente, necesitan que se esté con ellos a solas más tiempo que éste pero, normalmente, es mejor estar con ellos a cualquier otra hora del día.
Di siempre las mismas palabras para desear las buenas noches.
Apaga la luz y cierra la puerta de la habitación.
Esta rutina necesita alguna explicación. Es importante que la hora de acostarse no se haya fijado demasiado tarde. Normalmente, los padres permiten que los niños impongan una hora avanzada, y lo justifican mediante la siguiente excusa: «No se dormirá si lo metemos en la cama antes». No olvides que la noche, además de para dormir, también es para descansar; así pues, no es una buena idea dejar al niño levantado.
Los momentos de recogerlo todo señalan al niño que la hora de acostarse se acerca sin la necesidad de tener una discusión por este motivo. He aquí algunos de los pasos, en la rutina de recoger, que puedes utilizar:
Apaga el televisor.
Juega sólo a juegos tranquilos.
Utiliza el reloj.
Corre las cortinas.
Apaga las luces.
Puede ser muy útil poner música relajante.
Utilizar el reloj puede resultar de gran ayuda porque es algo que no se puede rebatir. Una pegatina en la esfera puede ayudar a reforzar el horario de la rutina. Si es necesario, conecta una alarma para que todos se enteren de que ha llegado la hora de acostarse.
Es importante que los padres estén de acuerdo sobre la hora de enviar a sus hijos a la cama y elijan una que, además de convenirles a ellos, concuerde también con la demanda de los niños. Las siguientes horas para ir a dormir son pautas razonables que podréis seguir si no estáis muy seguros de qué hacer o si no os ponéis de acuerdo para elegir una hora:
Menos de 3 años - antes de las 6:30
Menos de 5 años - antes de las 7:30
Menos de 7 años - antes de las 8:00
Menos de 10 años - antes de las 8:30
Menos de 13 años - antes de las 9:00
Menos de 15 años - antes de las 9:30
Quizá penséis que estas horas son muy tempranas, pero no son irrazonables. La ventaja de establecer una hora de acostarse algo temprana es que os ofrece la posibilidad de permitir al niño prolongar la vigilia en ocasiones especiales sin que se haga demasiado tarde.

Salir de la habitación
Una vez que el niño está en la cama, cuanto más permanezcas en la habitación, con más probabilidad se quejará cuando finalmente vayas a salir de ella. Un cuento cortito, una oración o una canción de cuna y un abrazo son más que suficientes antes de desear las buenas noches con la misma frase de siempre como: «Buenas noches, hasta mañana si Dios quiere». Repetir siempre la misma frase terminará por señalar automáticamente que ha llegado la hora de dormir, casi como una sugestión hipnótica. La misma frase de «buenas noches» se puede utilizar en otros momentos de la noche, corno por ejemplo si el niño se ha despertado a causa de un mal sueño, o si se ha puesto enfermo.
De este modo el niño se habitúa a tener la luz y la puerta cerradas, puesto que la oscuridad y la quietud preparan la mente para dormir. Dejar una luz encendida o la puerta de la habitación abierta da al niño un falso mensaje:
que la oscuridad es peligrosa
que los padres no confían en que su hijo pueda estar solo
que es tiempo de jugar, no de dormir
la puerta abierta es una invitación a salir.
Ésta es la teoría, pero a muchos padres también les asusta la oscuridad y prefieren dormir con una luz encendida o la puerta de la habitación abierta. Los padres necesitarán decidir cómo les gustaría que su hijo afrontara la oscuridad. Si quieres que la puerta de la habitación esté cerrada pero al mismo tiempo querrías poder mirar dentro para comprobar que todo va bien, aquí tienes unas sugerencias que puedes poner en práctica:
Deja la puerta entreabierta, pero no tanto como para que el niño pueda salir.
Coloca en la pared un espejo o un cuadro con un cristal para que la cama del niño se refleje en él y la puedas ver sin necesidad de abrir más la puerta.
Coloca la cama del niño de tal forma que la puedas ver sin tener que abrir mucho la puerta.
Utiliza una alarma de bebé y conéctala siempre que sientas la necesidad de comprobar que todo va bien.
¡Pon una mirilla en la puerta!
Hacer estos arreglos especiales puede parecer bastante tonto, pero son ventajas evidentes a la hora de comprobar cómo está el niño sin tener que entrar en la habitación cuando todavía está despierto o sólo ligeramente dormido.
Fuente: “Buenos hábitos y malos hábitos: De la vida en familia a la vida en sociedad” Dr. John Pearce , publicada por Paidós Ibérica S.A. (Barcelona)