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domingo, 1 de julio de 2012

Síndrome del Emperador: niños tiranos que maltratan a sus padres

Rabietas, ataques de llanto, insultos, exigencias, maltratos... Con sus berrinches y demandas logran desafiar los límites e imponerse ante las figuras de autoridad, incluso llegando a la agresión física. Se trata de niños y niñas que sufren un desorden de comportamiento conocido también como el síndrome del Pequeño Tirano, y que manifiestan serias dificultades para sentir culpa y mostrar empatía. Los especialistas aún no han logrado desentrañar si se trata de una condición favorecida por factores ambientales, educativos o genéticos. Lo cierto es que en los países desarrollados las denuncias de maltrato por parte de niños y adolescentes han mostrado un notable incremento, especialmente a partir de violencia física ejercida hacia las madres. Esta grave problemática se debate entre la crisis de la estructura familiar heredada y la ausencia de nuevos y saludables paradigmas.

El ciclo de la infancia pareciera ser una de las circunstancias dónde más se pone en evidencia la crisis de vida que atraviesan la mayor parte de los esquemas sociales actuales. Frente al consabido desafío que suponía antaño para padres y educadores lidiar con las problemáticas del adolescente, es con el niño donde hoy se desnudan los mayores conflictos e interrogantes.
Por doquier nos encontramos con padres insatisfechos, estresados, temerosos, dubitativos y muchas veces impotentes que ya no se sienten representados por los esquemas de educación y crianza heredados pero que aún no logran dar con su propia “forma”, y también con familias que a la fuerza e infructuosamente intentan encajar los viejos esquemas patriarcales para forjar ese misterio que alguna vez se llamó “autoridad amorosa”.
Frente a este estancamiento, los niños han tomado la posta y obedeciendo a su sana e intuitiva tendencia hacia el autoaprendizaje, provocan a los adultos con toda una serie de demandas y llamados de atención que puedan generar como imagen clara, como gesto, aquella acción que pueda acompañarlos, conducir sus inquietudes, temores, capacidades y necesidades durante los primeros pasos de su largo camino hacia la autorrealización, a través de la conformación de sus habilidades personales y sociales.
Parte de estos llamados de atención se relacionan con comportamientos o desórdenes de conducta que, de no ser atendidos correctamente, no sólo pueden comprometer seriamente al desarrollo saludable del niño, sino que además afectan a toda la familia. Tal es el caso del llamado Síndrome del Emperador (SE) o del Pequeño Tirano, un trastorno del comportamiento que vuelve a los niños muy centrados en sí mismos, con una baja tolerancia a la frustración, el aburrimiento y la demora o la negación de sus demandas, lo que provoca que desde muy pequeños expresen su descontento e incomodidad a través de ataques de ira e insultos, llegando a dominar por completo a sus padres a través de sus exigencias.
Cabe destacar que estos niños no manifiestan los berrinches propios de su etapa evolutiva en la búsqueda de límites, tampoco son chicos hiperactivos ni padecen trastornos de atención, ni encajan dentro del denominado Trastorno Negativista Desafiante (TND), sino que su falta de empatía y su mirada centrada exclusivamente en sus necesidades inmediatas (piensa que todo el mundo gira en torno a sí mismo) lo llevan a estallar en ataques de histeria o aun a través de la agresión física, si su entorno no logra satisfacer sus reclamos.
“Mi hijo tiene tres años y ya estamos cansados, los problemas empezaron el año en que comenzamos a ponerlo en penitencia, hablándole y tratando de mostrarle que no puede tener todo lo que quiere. La verdad es muy difícil, es muy exigente, cuando salimos, si quiere algo grita, llora, lo dejamos y seguimos caminando; en casa todo el tiempo está pidiendo, y si no lo obtiene grita. ¿Algo estamos haciendo mal? Porque él sigue con esta conducta de querer dominar la casa y la verdad a veces siento que me gana por cansancio”, testimonia una madre preocupada en un foro sobre el tema, poniendo de manifiesto una de las posibles causas de este trastorno.
Las demandas de la vida laboral y profesional y la caída de la familia como un ideal donde los individuos pueden alcanzar una realización personal y colectiva, provoca que muchas veces para los padres resulte mucho más fácil ser condescendientes con sus hijos y ahorrarse el tiempo y el esfuerzo que significa trabajar con sus límites y confrontar con sus lógicos berrinches. Una cosa saben: si cumplen con sus caprichos y demandas logran mantenerlos callados y tranquilos.
Según los profesionales especializados en comportamiento infantil, por una parte la mayoría de los padres decide tapar estos síntomas y seguir adelante como si nada estuviera pasando, pero por otro lado en algún momento deben enfrentarse al estallido: las denuncias de padres contra hijos que van entrando en la adolescencia, ya sea por maltrato, amenazas o violencia verbal, física y psicológica se han multiplicado hasta ocho veces más en los últimos cinco o seis años.
Un estudio realizado en Estados Unidos advierte que la violencia (no exclusivamente física) de adolescentes hacia sus padres tiene una incidencia de entre el 7 y el 18% en las familias tradicionales (en las monoparentales llega hasta el 29%), mientras que las estadísticas canadienses aseguran que 1 de cada 10 padres son maltratados. En todos los casos la mayoría de las agresiones tienen como destinataria a la madre.
Si los padres no logran confrontar con la problemática y buscar ayuda profesional para desarrollar estrategias de manejo de la frustración y la ira de sus hijos, la conducta se irá volviendo cada vez más patológica a medida que crezcan, en un franco proceso degenerativo de su conducta que puede alcanzar un mal pronóstico en poco tiempo.

Orígenes de la problemática
“El niño en muchos hogares se ha convertido en el dominador de la casa, se ve lo que él quiere en la televisión, se entra y se sale a la calle si así a él le interesa, se come a gusto de sus apetencias. Cualquier cambio que implique su pérdida de poder, su dominio, conlleva tensiones en la vida familiar, el niño se vive como difícil, se deprime o se vuelve agresivo. Las pataletas, los llantos, sabe que le sirven para conseguir su objetivo. Son niños caprichosos, consentidos, sin normas, sin límites, que imponen sus deseos ante unos padres que no saben decir no.
Hacen rabiar a sus padres, molestan a quien tienen a su alrededor, quieren ser constantemente el centro de atención, que se les oiga sólo a ellos. Son niños desobedientes, desafiantes. No toleran los fracasos, no aceptan la frustración. Echan la culpa a los demás de las consecuencias de sus actos. La dureza emocional crece, la tiranía se aprende, si no se le pone límites”, afirma Javier Urra, Psicólogo, Pedagogo Terapeuta y Primer Defensor del menor (1996-2001) de España, y uno de los mayores especialitas de dicho país.
Ahora bien, si la tiranía se aprende, ¿qué mecanismos juegan a favor del aprendizaje de estas conductas nocivas?
Algunos especialistas han logrado destacar determinados factores que podrían favorecer el predominio de dichas conductas:
-Abandono por parte de los padres de las funciones familiares (los niños reciben más educación en otros entornos sociales que en su propia familia).
-Sobreprotección y sobre-exigencia simultáneas.
-Ausencia de autoridad y falta de tiempo de los padres.
-Permisividad, padres que desde los primeros años claudican continuamente ante sus peticiones y caprichos.
-Falta de elementos afectivos.
-Falta de educación emocional.
-Ambiente familiar donde predominan el consumismo, la gratificación inmediata y el hedonismo.
-Abandono de desafíos, padres que para no ver al niño "con ansiedad", ante la primera señal de malestar lo retiran de la situación que lo generó, impidiendo que desarrollen habilidades de confrontación y tolerancia.
-Hogares monoparentales.
-Diferencias significativas en el estilo educativo que practican los padres.
-Alianzas de uno de los padres con el niño tirano y en contra del otro.
-Crianza llevada a cabo por abuelos, niñeras o servicio doméstico, menos propensos a generar una disciplina.
-Consideración del niño como especial, ya sea por haber sido muy deseado (en algunos casos después de tener dificultades para concebirlo o luego de la muerte de un primogénito), hijo único, hijo adoptado, concebido por padres muy añosos, considerado como niño prodigio, con discapacidad física o psíquica, etc.
Sin embargo, para muchos profesionales especialistas, estos aspectos familiares no alcanzarían para justificar esta condición. Javier Urra asegura que además debemos tener en cuenta toda una serie de factores contextuales propios de nuestro tiempo. “Es obvio que se ha pasado de una educación autoritaria de respeto, casi miedo al padre, al profesor, al conductor del autobús, al policía, a una falta de límites, donde algunos jóvenes (los menos) quieren imponer su ley de la exigencia, de la bravuconada; de la fuerza. El cuerpo social ha perdido fuerza moral, desde la corrupción no se puede exigir. Se intenta modificar conductas, pero se carece de valores”, asegura.
Otros especialistas psicólogos y pedagogos debaten además si el Síndrome del Emperador se desencadena exclusivamente por estas carencias educativo-formativas y sociales/ambientales, y ante la falta de una correcta educación emocional por parte de los padres, o si además pueden intervenir factores genético-hereditarios biológicos, principalmente de naturaleza psicopática.
Para el psicólogo criminalista español Vicente Garrido Genovés, autor del libro “El Síndrome del Emperador”, el elemento esencial del Síndrome del Emperador es la ausencia de conciencia y empatía, factores muy ligados a lo genético. “Son niños que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales, para sentir empatía, compasión o responsabilidad, y como consecuencia tienen problemas para sentir culpa”, afirma.
Precisamente son estos serios problemas para empatizar, incorporar y desarrollar la moralidad, tener compasión o ser responsables, lo que diferencia sus comportamientos de otros desórdenes o de meros berrinches. "Son incapaces de desarrollar emociones morales como la empatía, el amor o la compasión, lo que se traduce en dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones", expone Garrido Genovés.
Por lo tanto podríamos estar frente a un trastorno que cuenta con una base genética y es exacerbado por pautas sociológicas, como el desprestigio hacia el sentimiento de culpa y por otra parte la búsqueda de la gratificación inmediata y el hedonismo.

Características de los “niños tiranos”
Es importante señalar que quedan excluidos de este síndrome los niños que han vivido episodios de violencia doméstica o que sufren de trastornos psiquiátricos severos como la esquizofrenia, volviendo a destacar que no se trata de niños y niñas “malcriados”.
Los siguientes son algunos de los rasgos típicos que conforman el diagnóstico:
-Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etcétera) auténticas. Esto se traduce en muchas dificultades para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.
-Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres, no parece que sirvan regaños y conversaciones, él busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo.
-Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.
Algunos especialistas aseguran que se trata además de niños inteligentes, rápidos y contestatarios, quienes además deberían manifestar conductas ubicadas por lo menos en tres de los siguientes grupos:
-Agresión a las personas o animales.
-Conductas no agresivas que comportan destrucción de la propiedad.
-Robar y mentir.
-Violación grave de las normas, las cuales comportarían un desajuste social, académico o laboral.
Se estima que sólo un tercio de los “pequeños tiranos” son niñas, aunque no se ha especificado cuál pueda ser el motivo de ello. “El perfil de este pequeño tirano, suele ser el de un varón de unos 9-17 años, normalmente hijo único, y de clase media alta” (Aparicio, 2007).
Otro dato peculiar lo arroja un estudio llevado a cabo en Catalunya, España, donde se afirma que “la madre es la víctima en el 87 por ciento de las ocasiones que se produce este tipo de violencia, y que principalmente recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales”.
“La herencia marca tendencia, pero lo que cambia al ser humano es la educación, sobre todo en los primeros años, en los primeros meses y días, incluso antes de nacer, es muy distinto si eres un hijo deseado o no, si eres un padre relajado o agresivo”, asegura Javier Urra. “Algunos psicólogos y pedagogos han transmitido el criterio de que no se le puede decir no a un niño, cuando lo que le neurotiza es no saber cuáles son sus límites, no saber lo que está bien y está mal. Ésa es la razón de que tengamos niños caprichosos y consentidos, con una filosofía muy hedonista y nihilista”. Respecto a este punto, Garrido advierte además que “la televisión enseña valores muy hedonistas y consumistas, y dificulta el aprendizaje del autocontrol, es decir, la capacidad de esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas que requieren esfuerzos. Los hijos tiranos ven en los medios muchas conductas y metas que son coincidentes con lo que ellos desean: pasarlo bien y hacer lo que quieran sin que nadie les obstaculice”.
Como se mencionó anteriormente, uno de los aspectos más sobresalientes de esta condición es la elevada insensibilidad emocional acompañada de una ausencia de conciencia. Al no poder desarrollar un sentimiento de vinculación moral o emocional, ni con la familia ni con sus educadores, este trastorno puede disparar otras patologías psicológicas implicadas. Por ejemplo, al no responder a las pautas educativas y manifestar serias dificultades para aprender de los errores, pueden acarrear problemas de aprendizaje. Por otra parte, al tener baja empatía y dificultad para desarrollar sentimientos de culpa, también se ven expuestos a trastornos de socialización.
Los relatos de familiares que han acudido a especialistas coinciden en la aparición de incidentes que se profundizan a partir de los siete años y donde, de pasar por insultos leves se llegó a situaciones de desobediencia general, desconsideración y mentiras. En el caso de haber llegado a la adolescencia sin atención profesional, las denuncias incluyen además empujones, amenazas, destrucción de partes de la casa y agresiones físicas.
Lamentablemente el diagnóstico aún se encuentra en debate, ya sea por imprecisiones o falta de acuerdo entre los profesionales, lo que provoca que los padres lleguen a deambular por diversos especialistas y puedan recibir diagnósticos equivocados. Dentro de lo positivo, podemos señalar que una vez identificado el problema, las intervenciones han logrado muy buenos resultados a través del desarrollo de técnicas de re-aprendizaje emocional en el desarrollo de la empatía y los ejercicios de relacionamiento interpersonal que debe incorporar toda la familia.

Tratamiento y abordajes
La mayoría de los profesionales concuerda en que el abordaje de este trastorno comience por educar a los niños en la empatía, que puedan ponerse en el lugar del otro y desarrollar así una mayor sensibilidad. Se trata pues de abrirse camino en el desarrollo de la inteligencia emocional, es decir de las capacidades de aplicar la conciencia y la sensibilidad en los procesos de aprendizaje y comunicación, evitando ceder a las reacciones impulsivas e inflexibles, a las unilateralidades del temperamento, promoviendo una mayor receptividad hacia el entorno que permita comprender cabalmente las propias emociones y las de los demás. De esta manera se estará trabajando a un mismo tiempo en el autoaprendizaje del manejo de las emociones, fortaleciendo la autoestima al mismo tiempo que se desarrolla una capacidad más efectiva para ponerse en el lugar del otro.
Ahora bien, todos estos ítems pueden planificarse y abordarse por etapas, pero qué hacer frente a un ataque de rabietas o un estallido de ira.
Algunos psicólogos sugieren lo importante es no ceder, no caer en el facilismo de atenderlos inmediatamente ante una demanda caprichosa o una rabieta, aunque sea un escándalo en la vía pública o ante terceros, sino aprender a esperar que pase el berrinche para luego hablar e intentar entrar en razón.
Desde ya que no se tratará de una tarea sencilla, desposeer a estos niños del ambiente que han conquistado y enseñarles a gestionar sus emociones implica una ardua tarea. Una de las claves se encuentra en la motivación promovida desde el ejemplo propio de los padres, evitando entrar en cólera con ellos sino mostrándose comprensivos y asertivos a la vez. Aquí compartimos algunos de los consejos profesionales para dar el paso a paso necesario:
-Dialogar, mantener una comunicación fluida a lo largo del día, fomentando la reflexión como contrapeso a la acción.
-Ser coherentes en el modelo de vida a trasmitir.
-Dar claridad en los valores y las normas, explicadas, para que no se sientan desorientados o inseguros.
-Evitar los mensajes ambivalentes.
-Dar sólo una instrucción cada vez, no caer en repeticiones o excesos de explicaciones que justifiquen un pedido o límite. Especificar la conducta deseada de manera clara y concisa.
-No amenazar ni caer en autoritarismos.
-Dar oportunidades de obedecer mediante avisos y recordatorios.
-Respaldarse mutuamente entre los padres respecto a sus decisiones.
-Cumplir con las sanciones enunciadas una vez que el niño haya comprendido las peticiones de los padres pero no las haya obedecido.
-Buscar siempre el momento oportuno para enunciar las peticiones y razonarlas juntos.
-Dedicar tiempo, planificar quehaceres juntos, juegos, espacios para el mutuo relacionamiento, escucha e intercambio de experiencias y necesidades. Buscar intereses comunes.
-Compartir sentimientos y preocupaciones.
-Enseñar el autocontrol, la capacidad de esfuerzo, la necesidad de los errores para aprender, como de herramientas para la canalización de los conflictos, como las actividades físicas y creativas.
-Desdramatizar los errores, darles confianza y estimularlos para que puedan ver que los equívocos se pueden superar y dan lugar a nuevas y más ricas vivencias.
-Hacerles saber de la importancia de su participación armónica en los quehaceres familiares.
-Mejorar su autoestima, acompañarlos en los pequeños logros, ayudarles a descubrir sus potencialidades y motivarlos para desarrollarlas. Transmitirles confianza.
-Enseñarles a realizar actos positivos y altruistas, como ayudar a sus hermanos o a otras personas, invitarlos a brindarse, a ser generosos, aprendiendo el valor de la responsabilidad, que sientan orgullo de sus actitudes positivas.
Desde la prevención, es fundamental que los padres estén atentos al comportamiento de sus hijos desde temprana edad, ir contra la tendencia general y brindarles toda la escucha necesaria, abriendo espacios para la charla y el intercambio donde no medien o interfieran otros canales de comunicación como la computadora o el televisor, sino creando los propios rituales de encuentro que tengan valor en sí mismos. No podemos reclamar atención y comprensión si cuando un niño nos viene a hablar, invitar a un juego o mostrar un dibujo, le respondemos con la mirada puesta en una pantalla de computadora. Estas conductas disociativas serán imitadas y potenciadas por los niños a lo largo de su desarrollo. En este punto los padres deberán aprender a ser coherentes consigo mismos, porque sus contradicciones son señales indisimulables ante la mirada de los más pequeños.
Trastornos como el Síndrome del Emperador pueden ser leídos como un espejo frente a las graves problemáticas comunicacionales de la sociedad actual, y también como el punto de origen de otros comportamientos patológicos de la vida adulta. Si no enseñamos a los niños a controlar y conducir de manera asertiva sus deseos y necesidades, corremos el riesgo de que en la vida adulta puedan transformarse en seres violentos, maltratadores hacia sus parejas, con escasas capacidades para desenvolverse ante los desafíos de la vida y lidiar con las adversidades, quedando a merced de sus pulsiones más básicas e inmediatas.
Pero para prevenir y corregir estas conductas, y no sólo frente a la problemática de los niños tiranos, las familias necesitarán hacer un repaso exhaustivo de la capacidad de entrega, atención y colaboración por parte de cada componente adulto; reconocer si realmente se encuentran trabajando por un proyecto definido o si simplemente se dejan impactar por las circunstancias exógenas, acomodándose a tientas y resolviendo sobre la marcha.
Frente al resquebrajado esquema patriarcal bajo el cual todos los miembros de la familia encontraban (muchas veces a la fuerza) su rol definido, las familias de este tiempo tienen el gran y provechoso desafío de crear su propia dinámica y construir las bases únicas e irrepetibles de un proyecto de vida que sepa realizar un anhelo colectivo y a su vez de brinde un espacio para que se desarrolle en armonía la fuerza del alma individual.

Luis Eduardo Martínez    martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar
Fuentes: - El Síndrome del niño emperador/ Stephania Cruz Juárez/ Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de servicios Nº 103/ Cd. Madero Tamps., 02 de junio de 2009. - El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas / Javier Urra. - www.EcuRed.cu - El Síndrome del Emperador/ El niño maltratador de sus padres/ J. C. Ambrojo, periodista de El País.
Fuente: El Cisne

martes, 26 de abril de 2011

Acoso estudiantil y violencia familiar

Los abusadores estudiantiles, sus víctimas y quienes son ambos, o sea, los que son victimizados y también abusan, se enfrentan a un amplio rango de riesgos de salud, lo que incluye la violencia familiar y hacerse daño a sí mismos de manera intencionada.
En una encuesta de 5,807 estudiantes de escuela media y secundaria de casi 138 escuelas públicas de Massachusetts, los investigadores encontraron que los que eran tocados por el acoso escolar de cualquier forma eran más propensos a pensar en el suicidio y a hacerse daño a sí mismos, en comparación con otros estudiantes.
Los que tenían que ver con el acoso escolar también eran propensos a tener ciertos factores de riesgo, como sufrir abuso de un familiar o ser testigos de violencia doméstica, en comparación con las personas que no eran ni abusadores ni víctimas.
El acoso escolar o bullying se definió como ser molestado, golpeado, amenazado, pateado o excluido repetidamente por otros estudiantes.
Tras ajustar por otros factores, la proporción de estudiantes de intermedia que recibían maltratos físicos de un familiar, por ejemplo, fue de 2.9 para las víctimas del acoso, 4.4 para los abusadores, y 5.0 para los que eran tanto abusadores como víctimas, en comparación con otros estudiantes. La proporción de probabilidades de ser testigo de violencia doméstica fue, respectivamente, de 2.6, 2.9 y 3.9.
La proporción de probabilidades de que un estudiante de secundaria fuera maltratado físicamente por un familiar fue de 2.8 para las víctimas, 3.8 para los abusadores, y 5.4 para los que eran abusadores y víctimas, frente a los estudiantes que no tenían nada que ver con el acoso escolar. En cuanto a ser testigo de violencia doméstica, la proporción de probabilidades para los estudiantes de secundaria eran de 2.3, 2.7 y 6.8, respectivamente.
Investigaciones anteriores han relacionado el acoso escolar con calificaciones bajas, uso de sustancias y problemas de salud mental. Este informe concluye que los riesgos de salud y el ambiente del hogar de los adolescentes tocados por el acoso son mucho peores que entre los niños que no tienen experiencia de acoso.
"Los resultados subrayan la importancia de los programas de prevención primaria, además de programas y estrategias integrales que involucren a las familias", señalaron investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.
Un programa exitoso de prevención debe incluir a las autoridades escolares, los miembros del personal, los estudiantes y los padres, con acceso a servicios de salud y de salud mental como componente esencial, añadieron, anotando que los programas que sólo se desarrollan en el aula no son eficaces.
Los hallazgos aparecen en la edición del 22 de abril de la revista de los CDC, Morbidity and Mortality Weekly Report.
De los estudiantes encuestados, los de escuela intermedia (44 por ciento) eran más propensos que los de secundaria (30.5 por ciento) a tener algo que ver con el acoso escolar.
Los investigadores hallaron que 26.8 por ciento de los estudiantes de intermedia reportaban haber sido acosados, frente a 15.6 por ciento de los de secundaria. Pero menos estudiantes de escuela intermedia (7.5 por ciento) que de secundaria (8.4 por ciento) reportaron ser abusadores.
En ambos rangos de edad, más chicos que chicas admitieron ser acosadores, y más chicas que chicos dijeron ser víctimas.
Entre los estudiantes de secundaria, 6.5 por ciento reportaron ser abusadores y víctimas. Poco menos del diez por ciento de los estudiantes de intermedia dijeron ser abusadores y víctimas. Los riesgos de salud eran mayores para los abusadores víctimas que para los que se consideraban a sí mismos sólo como abusadores o como víctimas, según el informe.
La mayoría de estudiantes de ambos rangos de edad (56 por ciento de los de intermedia y 69.5 por ciento de los de secundaria) dijeron que no eran ni abusadores ni víctimas.
Los investigadores citaron varias limitaciones del estudio, entre ellas una baja tasa de respuesta y su dependencia de los reportes de los estudiantes mismos. El recuerdo no siempre es preciso y podría estar sujeto al sesgo, señalan los expertos.
Los CDC lanzaron un programa, Lucha por reducir la violencia juvenil en todos lados, para ayudar a las comunidades a fomentar ambientes seguros para los estudiantes.

Fuente: U.S. Centers for Disease Control and Prevention, April 22, 2011, Morbidity and Mortality Weekly Report

martes, 22 de febrero de 2011

Acoso escolar a través de las nuevas tecnologías

El ciberacoso provoca más depresión en niños y adolescentes que el ataque cara a cara.
El acoso escolar o bullying es uno de los grandes riesgos para la salud psicológica de niños y adolescentes. Es una situación de violencia constante, física o psicológica, llevada a cabo por un escolar o un grupo de escolares contra otro alumno que no puede defenderse. Es una forma de maltrato que, según algunos estudios, afecta aproximadamente a uno de cada cuatro escolares en España.
El bullying tiene su principal escenario en los centros escolares. Esta agresión física o psicológica se desarrolla en los pasillos de los colegios, en los patios, a la salida de clase... Pero los expertos alertan de que aumentan los casos de "ciberbullying". Según Joaquín Mora-Merchán, profesor de psicología de la Universidad de Sevilla, el "ciberbullying" o ciberacoso es "cualquier forma de agresión intencional y repetida que genere abusos de poder a través de las nuevas tecnologías, como el correo electrónico, los chats, los móviles o las redes sociales, entre otros".
Según el estudio "Juventud y Violencia", de la Fundación Pfizer, el 11,6% de los adolescentes entre 12 y 18 años ha sufrido maltrato psicológico a través de la Red y un 8,1% lo ha sufrido a través del móvil. Debido al aumento de este tipo de casos, el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO) ha publicado la "Guía legal sobre ciberbullying y grooming" (acoso realizado por un adulto), en la que se ofrecen consejos a progenitores. El Equipo Multidisciplinar de Investigación sobre Ciberbullying (EMICI) del Laboratorio de Estudios sobre Convivencia y Prevención de la Violencia (LAECOVI) ha elaborado también un protocolo de actuación para que padres y profesores sepan cómo deben actuar ante estos casos.

Del correo electrónico al vídeo difamatorio
Hablar de qué buscan y hacen los hijos en Internet debe formar parte de las conversaciones familiares
Las formas de ciberacoso son tan variadas como las posibilidades que permiten las nuevas tecnologías. "A menudo, se repite la fórmula que se lleva a cabo cara a cara: los acosadores insultan a la víctima por correo electrónico, como también hacen en persona", señala Mora-Merchán. Otras formas de ataque consisten en hacer montajes de vídeo donde se difama a la víctima, crear páginas web donde se puntúa a los compañeros de clase "más tontos", usurpar su identidad para hacerles quedar mal de alguna forma o realizar llamadas amenazantes al teléfono móvil.

Consecuencias psicológicas del ciberacoso
Los efectos psicológicos son los mismos que los de la agresión "tradicional": aislamiento social, depresión, baja autoestima, disminución del bienestar psicológico, descenso del rendimiento académico, rechazo de la vida escolar... Pero según un estudio desarrollado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. y publicado en el 'Journal of Adolescent Health', cuando este asedio se sufre a través de las nuevas tecnologías, el riesgo de depresión es mayor. Como señala Ronald J. Iannotti, uno de los responsables de la citada investigación, "las víctimas pueden ser más propensas a sentirse aisladas, deshumanizadas o desamparadas en el momento del ataque".
En ocasiones, el bullying cara a cara desemboca en ciberacoso. Y muchos escolares sufren ambos tipos. El problema del "ciberbullying" es que a los escolares les resulta muy difícil protegerse de él porque deberían dejar de usar las redes sociales, el correo electrónico o el móvil. Son las herramientas que emplean los ciberacosadores y que tan necesarias y habituales resultan hoy en día.
En función del tipo de agresión cibernética (un vídeo en el que se graba a la víctima mientras le insultan, un correo electrónico amenazador, un mensaje vejatorio en una red social), el daño psicológico varía. Para Mora-Merchán, depende de cada persona, "pero lo que a menudo supone un mayor perjuicio son las formas relacionadas con la imagen y las de mayor repercusión social". Un correo electrónico privado puede ser duro y amenazador, pero un vídeo colgado en Internet lo pueden ver miles de personas. "Es una ataque psicológico muy lesivo", subraya.

Agresores y víctimas
La figura del acosador es un reto pendiente para los estudiosos del bullying. "Del cierberacosador se conoce poco, solo que suele ser el mismo que actúa cara a cara", señala el experto. El 50% de las víctimas de "ciberbullying" conoce a sus agresores, aunque las nuevas tecnologías permiten a los acosadores realizar sus agresiones psicológicas y salvaguardar su anonimato, siempre que quieran. "Muchos de ellos saben que la verdadera tortura es decirle a sus víctimas: ¿Sabes quién soy?. Es una forma de saborear el poder. En otras ocasiones, no quieren darse a conocer por miedo a las posibles represalias. Así juegan con el terror de sus víctimas", puntualiza Mora-Merchán.

PREVENIR Y DETECTAR EL CIBERACOSO
El bullying a través de las nuevas tecnologías puede ser más invisible para los progenitores que el realizado cara a cara. Un mensaje de texto a través del móvil, insultos en una red social, un correo electrónico con burlas... Los escolares utilizan con frecuencia estas nuevas tecnologías sin la presencia o la supervisión continua de los padres. Por este motivo, "hay que hacerse partícipe de la vida de los hijos en Internet", explica Joaquín Mora-Merchán.
Internet, el móvil o las redes sociales, entre otras, son tecnologías imprescindibles hoy en día para la formación, la comunicación y el entretenimiento de los estudiantes. "No hay que censurarles, todo lo contrario. Pero ayuda situar el ordenador en una zona común de la casa, como el comedor. Ayuda hablar de qué buscan y hacen los hijos en Internet. Debe formar parte de las conversaciones familiares, como se charla sobre las notas o las actividades deportivas", expone el experto. Los hijos deben sentir que pueden confiar en los padres.
"Muchos chicos dirían a sus padres que sufren ciberacoso, pero tienen miedo de que les quiten la conexión a Internet. No hay que culparles ni penalizarles", recalca Mora-Merchán. Algunos síntomas de que un escolar atraviesa esta situación son: si interrumpe o modifica de forma extraña el uso de las nuevas tecnologías, si intenta contactar con desconocidos a través de Internet, si sufre cambios de humor o si tiene problemas en su rendimiento académico. Éstas son pistas de que algo pasa. Para el especialista, el consejo más importante es "una buena comunicación entre padres e hijos".

Fuente: consumer.es

viernes, 19 de febrero de 2010

"Cuando profesores y padres caminan en la misma dirección, los brotes de violencia se eliminan"

Problemas para dar clases, acoso y amenazas de alumnos, daños a propiedades o agresiones de padres son algunos de los conflictos a los que tienen que hacer frente día a día algunos docentes en las aulas de los centros educativos de nuestro país. Muchos lo callan. Otros, buscan ayuda. Como los más de 10.500 profesores que han contactado ya con el Defensor del Profesor, un servicio gratuito de atención y ayuda psicológica puesto en marcha en 2005 por la Asociación Nacional de Profesores (ANPE) de Madrid, ante el incremento de los problemas de convivencia escolar entre profesores y alumnos. En la actualidad, está instaurado en 16 comunidades autónomas.
Inmaculada Suárez, psicóloga y diplomada en Profesorado de Educación General Básica, es la coordinadora del Defensor del Profesor desde sus inicios. En su puesto, atiende cada día muchas de las llamadas de los docentes que buscan apoyo y asesoramiento. Tal como se recoge en el último informe estatal del curso 2008-2009, el 45% de los profesores que contactan desarrollan cuadros de ansiedad, un 20% tiene síntomas de depresión y un 14% está de baja laboral.

¿Ser profesor es una profesión de riesgo?
Puede ser una profesión maravillosa o convertirse en un problema. Todo depende del apoyo que se reciba y de la actitud que tanto padres como Administración adoptan cuando el profesor ejerce su derecho a hacer cumplir unas normas básicas de convivencia. Éstas benefician a toda la comunidad educativa y tienen como objetivo algo tan elemental como crear un clima de respeto dentro del centro y salvaguardar el derecho a la educación que por ley tienen los alumnos.

¿Qué conclusiones del último informe del Defensor del Profesor le han llamado más la atención?
La actitud que adoptan algunos padres de defensa a ultranza de sus hijos, sin contrastar con otras fuentes la versión que ellos les dan de unos determinados hechos. Los profesores dicen que, con frecuencia, se sienten desautorizados por algunos padres cuando a estos alumnos se les intenta poner límites o se pretende que cumplan unas normas elementales de convivencia.

¿Por qué motivos acuden los docentes al Defensor?
Son diversos: problemas para dar clase, agresiones, acoso, faltas de respeto, amenazas y falsas denuncias tanto por parte de alumnos como de padres; la utilización de las nuevas tecnologías para acosar, difamar o difundir agresiones; los daños que causan a sus pertenencias o al mobiliario del centro; o las presiones que reciben para que modifiquen las calificaciones. Pero el detonante de estas denuncias es la indefensión a la que se sienten sometidos cuando las personas que llevan a cabo estas conductas quedan impunes y, por lo tanto, salen reforzados de ellas.

Cuando un alumno agrede verbalmente a un profesor, ¿qué medidas legales sancionadoras puede adoptar el docente?
En las distintas comunidades autónomas hay leyes educativas por las que se establece el marco regulador de la convivencia en los centros escolares. Estas normativas establecen las medidas sancionadoras que pueden aplicar, de forma inmediata, el profesor y/o los equipos directivos. Pueden ser varias, en función de la gravedad de la agresión verbal: expulsión de la sesión de clase, realización de tareas de carácter académico o actividades encaminadas a mejorar el entorno ambiental del centro, permanencia en el colegio después del horario escolar o expulsión por un tiempo determinado, entre otras.

¿Y si la agresión es física?
En estos casos se puede actuar por dos vías. Por una parte, la administrativa, mediante la cual se llevan a cabo varias actuaciones, como un cambio de centro, cuando no proceda la expulsión definitiva por ser un alumno de enseñanza obligatoria. Por otra parte, se puede optar por la vía judicial y efectuar la denuncia pertinente ante la Policía o en un juzgado.

¿Duele más el acoso moral que el físico?
Aunque la agresión física tiene más repercusión social, las dos son muy lesivas para la persona. Sobre todo, porque cuando se le humilla en público, el docente sufre un duro golpe en su autoestima. Aunque su carácter o personalidad sean fuertes, puede tener consecuencias negativas para su vida personal y profesional. Si se pierde el respeto al profesor como persona y como educador, quedará en una situación tan vulnerable e indefensa, que desde ese momento tendrá dificultades para desempeñar su trabajo con dignidad.

¿Qué supone dotar de la condición de autoridad pública al profesorado?
El profesor, por el hecho de serlo, ya debe tener la autoridad académica que se le supone por su competencia en la disciplina que imparte. Sin embargo, para el manejo de la clase en la situación actual necesita que se le dote de esta condición. Esta medida legislativa otorgaría al profesor presunción de veracidad en caso de litigio entre las partes y en casos extremos de amenazas, insultos graves o agresiones físicas, las sanciones que de ellas se derivarían serían mucho más severas. Supondría un freno disuasorio para las conductas incorrectas.

Fracaso escolar y violencia. ¿Están siempre relacionados estos dos aspectos?
El fracaso escolar puede surgir cuando no se atajan algunas situaciones, como las vividas en ciertos grupos donde dos o tres alumnos impiden a sus compañeros recibir una clase con normalidad y consiguen, con sus actuaciones, que día tras día se pierda el tiempo y no se impartan los contenidos de la materia correspondiente. Pero aunque puede tener cierta incidencia en los casos de violencia, no hay una relación de causa-efecto. Sin excluir la propia responsabilidad del estudiante, la educación recibida en la familia y los valores sobre los que se forja la personalidad del alumno son los factores determinantes.

¿Puede describir el perfil del estudiante agresor?
En la mayoría de los casos, es un alumno inadaptado al que sus padres no han puesto límites desde la infancia, ni admiten que nadie se los ponga. Son adolescentes que buscan la gratificación inmediata y que están acostumbrados a que sus actuaciones no tengan para ellos ninguna consecuencia, porque en su entorno familiar se asume que la culpa siempre es del otro. La permisividad de los padres deriva en alumnos que no respetan las normas establecidas.

¿Cuáles son los principales motivos que llevan a un progenitor a agredir a un profesor?
Algunos padres olvidan que los centros educativos son lugares donde hay que convivir y respetar unas normas y que la libertad de actuación de sus hijos acaba cuando vulneran los derechos de los demás, sean profesores o compañeros de clase. En general, estas agresiones se originan porque los padres creen, sin hablar con el profesor, la versión desfigurada que su hijo da de unos hechos que nada tienen que ver con la realidad. No admiten que el profesor marque las pautas de conducta de la clase e impida salirse con la suya a estos alumnos consentidos en casa. Otras veces, la agresión se genera porque se aplica al estudiante conflictivo la normativa del centro, que ha aprobado toda la comunidad educativa y respeta la legislación vigente. Incluso, hechos tan cotidianos como una caída en el patio suponen responsabilizar al profesor de todos los males que sucedan a su hijo y se le presupone mala fe por acción u omisión.

¿Se dan casos de acoso o agresiones a docentes en educación infantil y primaria?
Si hablamos de agresiones de alumnos, la mayoría se dan en secundaria. No obstante, ya se registran algunos casos en primaria, aunque pocos, y las agresiones de padres son un riesgo en cualquiera de los tres niveles educativos.

¿Qué parte de responsabilidad tienen las administraciones educativas?
Una parte importante. Desde el punto de vista legislativo, el profesorado tiene recursos para hacer valer su autoridad al marcar unas pautas de conducta. Pero, a pesar de todo, hay casos en que ante las denuncias injustificadas de los padres, sobre todo si estos son violentos y para evitarse problemas, la administración educativa no respalda al profesor. El docente se ve obligado a justificar cada una de sus actuaciones frente a un denunciante que puede haber mentido o denunciado por despecho o para obtener alguna ventaja.

¿Cómo puede colaborar el entorno familiar en la erradicación de la violencia hacia los docentes en las aulas?
La clave está en las familias. Hay muchas que apoyan al profesor y los resultados son muy positivos. Salvo casos excepcionales, cuando una familia colabora con el centro escolar y docentes y padres caminan en la misma dirección, los brotes de violencia se eliminan y quedan sólo los actos de rebeldía propios de la edad.

Como ya ha apuntado, las nuevas tecnologías han traído consigo nuevas formas de agresión. ¿En qué se caracterizan?
Cada vez proliferan más las calumnias, maledicencias, vejaciones y destrucción de la imagen personal a través de las nuevas tecnologías. Lo más grave es que es muy difícil luchar contra ellas. Aunque se intente, los daños causados al honor de la persona son muy difíciles de reparar. La legislación en este sentido va por detrás de los nuevos fenómenos derivados del avance tecnológico. Se han denunciado casos ante la Fiscalía de Menores, pero todavía es insuficiente el amparo legal en este tipo de faltas o delitos.

¿Encuentran los docentes apoyo suficiente en la dirección del centro o es fuente de conflictos?
En bastantes casos, la dirección apoya al profesor que tiene problemas, éste se siente respaldado y su desgaste psíquico y profesional es muchísimo menor. Sin embargo, también recibimos denuncias en las que la dirección del centro se inhibe o, incluso, actúa en contra del docente para evitarse problemas. En estas ocasiones se siente solo, ya que ni siquiera cuenta con el apoyo de sus compañeros, que intentan evitar que les salpique. Entonces lo pasa muy mal. Si el equipo directivo del centro aplica la normativa vigente, se pueden solucionar muchos conflictos que, de no hacerlo, deterioran de forma grave la convivencia y el clima escolar.

Ansiedad, depresión, baja laboral... ¿cuáles son los casos más extremos que han tenido que atender desde el Defensor del Profesor?
Algunos docentes, debido a situaciones derivadas de los problemas mencionados, sufren graves trastornos de salud, tanto de tipo psicológico como físico. A pesar de seguir un tratamiento adecuado, son incapaces de superar el miedo a enfrentarse al aula. El resultado es el abandono de la profesión.

Autor: MARTA VÁZQUEZ-REINA para consumer.es

domingo, 2 de agosto de 2009

Agresividad Infantil

"Tu puedes escoger lo enojado, frustrado o triste que te quieres sentir. Tú puedes, también elegir cambiar tus sentimientos".

Aprender a autocontrolarse
El problema de la agresividad infantil es uno de los trastornos que más invalidan a padres y maestros junto con la desobediencia. A menudo nos enfrentamos a niños agresivos, manipuladores o rebeldes pero no sabemos muy bien como debemos actuar con ellos o cómo podemos incidir en su conducta para llegar a cambiarla. En este artículo intentaremos definir los síntomas para una correcta evaluación de este trastorno caracterial y establecer diferentes modos de tratamiento.

Un buen pronóstico a tiempo mejora siempre una conducta anómala que habitualmente suele predecir otras patologías psicológicas en la edad adulta. Un comportamiento excesivamente agresivo en la infancia si no se trata derivará probablemente en fracaso escolar y en conducta antisocial en la adolescencia y edad adulto porque principalmente son niños con dificultades para socializarse y adaptarse a su propio ambiente.
El comportamiento agresivo complica las relaciones sociales que va estableciendo a lo largo de su desarrollo y dificulta por tanto su correcta integración en cualquier ambiente. El trabajo por tanto a seguir es la socialización de la conducta agresiva, es decir, corregir el comportamiento agresivo para que derive hacia un estilo de comportamiento asertivo.
Ciertas manifestaciones de agresividad son admisibles en una etapa de la vida por ejemplo es normal que un bebé se comporte llorando o pataleando; sin embargo, estas conductas no se consideran adecuadas en etapas evolutivas posteriores.

¿Qué entendemos por "agresividad infantil"?
Hablamos de agresividad cuando provocamos daño a una persona u objeto. La conducta agresiva es intencionada y el daño puede ser físico o psíquico.
En el caso de los niños la agresividad se presenta generalmente en forma directa ya sea en forma de acto violento físico (patadas, empujones,...) como verbal (insultos, palabrotas,...). Pero también podemos encontrar agresividad indirecta o desplazada, según la cual el niño agrede contra los objetos de la persona que ha sido el origen del conflicto, o agresividad contenida según la cual el niño gesticula, grita o produce expresiones faciales de frustración.

Independientemente del tipo de conducta agresiva que manifieste un niño el denominador común es un estímulo que resulta nocivo o aversivo frente al cual la víctima se quejará, escapará, evitará o bien se defenderá.
Los arrebatos de agresividad son un rasgo normal en la infancia pero algunos niños persisten en su conducta agresiva y en su incapacidad para dominar su mal genio. Este tipo de niños hace que sus padres y maestros sufran siendo frecuentemente niños frustrados que viven el rechazo de sus compañeros no pudiendo evitar su conducta.

Algunas teorías explican las causas del comportamiento agresivo
Las teorías del comportamiento agresivo se engloban en: Activas y Reactivas.
Las activas son aquellas que ponen el origen de la agresión en los impulsos internos, lo cual vendría a significar que la agresividad es innata, que se nace o no con ella. Defensores de esta teoría: Psicoanalíticos y Etológicos.
Las reactivas ponen el origen de la agresión en el medio ambiente que rodea al individuo. Dentro de éstas podemos hablar de las teorías del impulso que dicen que la frustración facilita la agresión, pero no es una condición necesaria para ella, y la teoría del aprendizaje social que afirma que las conductas agresivas pueden aprenderse por imitación u observación de la conducta de modelos agresivos.

Teoría del aprendizaje social
Para poder actuar sobre la agresividad necesitamos un modelo o teoría que seguir y éste, en nuestro caso, será la teoría del aprendizaje social.
Habitualmente cuando un niño emite una conducta agresiva es porque reacciona ante un conflicto. Dicho conflicto puede resultar de:

*Problemas de relación social con otros niños o con los mayores, respecto de satisfacer los deseos del propio niño.
*Problemas con los adultos surgidos por no querer cumplir las órdenes que éstos le imponen.
*Problemas con adultos cuando éstos les castigan por haberse comportado inadecuadamente, o con otro niño cuando éste le agrede.

Sea cual sea el conflicto, provoca en el niño cierto sentimiento de frustración u emoción negativa que le hará reaccionar. La forma que tiene de reaccionar dependerá de su experiencia previa particular. El niño puede aprender a comportarse de forma agresiva porque lo imita de los padres, otros adultos o compañeros. Es lo que se llama Modelamiento. Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño en modelos de conductas agresivas. Cuando el niño vive rodeado de modelos agresivos, va adquiriendo un repertorio conductual caracterizado por una cierta tendencia a responder agresivamente a las situaciones conflictivas que puedan surgir con aquellos que le rodean. El proceso de modelamiento a que está sometido el niño durante su etapa de aprendizaje no sólo le informa de modos de conductas agresivos sino que también le informa de las consecuencias que dichas conductas agresivas tienen para los modelos. Si dichas consecuencias son agradables porque se consigue lo que se quiere tienen una mayor probabilidad de que se vuelvan a repetir en un futuro.
Por ejemplo, imaginemos que tenemos dos hijos, Luis y Miguel, de 6 y 4 años respectivamente. Luis está jugando con una pelota tranquilamente hasta que irrumpe Miguel y empiezan a pelear o discutir por la pelota. Miguel grita y patalea porque quiere jugar con esa pelota que tiene Luis. Nosotros nos acercamos y lamentándonos del pobre Miguel, increpamos a Luis para que le deje la pelota a Miguel. Con ello hemos conseguido que Miguel aprenda a gritar y patalear cuando quiera conseguir algo de su hermano. Es decir, hemos reforzado positivamente la conducta agresiva de Miguel, lo cual garantiza que se repita la conducta en un futuro.

De acuerdo con este modelamiento la mayoría de los adultos estamos enseñando a los niños que la mejor forma de resolver una situación conflictiva es gritándoles, porque nosotros les gritamos para decir que no griten. ¡Menuda contradicción! Y si nos fijamos como esa solemos hacer muchas a diario.

Factores influyentes en la conducta agresiva
Como ya hemos dicho, uno de los factores que influyen en la emisión de la conducta agresiva es el factor sociocultural del individuo. Uno de los elementos más importantes del ámbito sociocultural del niño es la familia. Dentro de la familia, además de los modelos y refuerzos, son responsables de la conducta agresiva el tipo de disciplina a que se les someta. Se ha demostrado que tanto un padre poco exigente como uno con actitudes hostiles que desaprueba constantemente al niño, fomentan el comportamiento agresivo en los niños.
Otro factor familiar influyente en la agresividad en los hijos es la incongruencia en el comportamiento de los padres. Incongruencia se da cuando los padres desaprueban la agresión castigándola con su propia agresión física o amenazante hacia el niño. Asimismo se da incongruencia cuando una misma conducta unas veces es castigada y otras ignorada, o bien, cuando el padre regaña al niño pero la madre no lo hace.
Las relaciones deterioradas entre los propios padres provoca tensiones que pueden inducir al niño a comportarse de forma agresiva.
Dentro del factor sociocultural influirían tanto el tipo de barrio donde se viva como expresiones que fomenten la agresividad "no seas un cobarde".

En el comportamiento agresivo también influyen los factores orgánicos que incluyen factores tipo hormonales, mecanismos cerebrales, estados de mala nutrición, problemas de salud específicos.
Finalmente cabe mencionar también el déficit en habilidades sociales necesarias para afrontar aquellas situaciones que nos resultan frustrantes. Parece que la ausencia de estrategias verbales para afrontar el estrés a menudo conduce a la agresión (Bandura, 1973).

¿Cómo evaluar si un niño es o no agresivo? Instrumentos de evaluación
Ante una conducta agresiva emitida por un niño lo primero que haremos será identificar los antecedentes y los consecuentes de dicho comportamiento. Los antecedentes nos dirán cómo el niño tolera la frustración, qué situaciones frustrantes soporta menos. Las consecuencias nos dirán qué gana el niño con la conducta agresiva. Por ejemplo:
" Una niña en un parque quiere bajar por el tobogán pero otros niños se le cuelan deslizándose ellos antes. La niña se queja a sus papás los cuales le dicen que les empuje para que no se cuelen. La niña lleva a cabo la conducta que sus padres han explicado y la consecuencia es que ningún otro niño se le cuela y puede utilizar el tobogán tantas veces desee."
Pero sólo evaluando antecedentes y consecuentes no es suficiente para lograr una evaluación completa de la conducta agresiva que emite un niño, debemos también evaluar si el niño posee las habilidades cognitivas y conductuales necesarias para responder a las situaciones conflictivas que puedan presentársele. También es importante saber cómo interpreta el niño una situación, ya que un mismo tipo de situación puede provocar un comportamiento u otro en función de la intención que el niño le adjudique. Evaluamos así si el niño presenta deficiencias en el procesamiento de la información.

Para evaluar el comportamiento agresivo podemos utilizar técnicas directas como la observación natural o el autorregistro y técnicas indirectas como entrevistas, cuestionarios o autoinformes. Una vez hemos determinado que el niño se comporta agresivamente es importante identificar las situaciones en las que el comportamiento del niño es agresivo. Para todos los pasos que comporta una correcta evaluación disponemos de múltiples instrumentos clínicos que deberán utilizarse correctamente por el experto para determinar la posterior terapéutica a seguir.

¿Cómo podemos tratar la conducta agresiva del niño?
Cuando tratamos la conducta agresiva de un niño en psicoterapia es muy importante que haya una fuerte relación con todos los adultos que forman el ambiente del niño porque debemos incidir en ese ambiente para cambiar la conducta. Evidentemente el objetivo final es siempre reducir o eliminar la conducta agresiva en todas las situaciones que se produzca pero para lograrlo es necesario que el niño aprenda otro tipo de conductas alternativas a la agresión. Con ello quiero explicar que el tratamiento tendrá siempre dos objetivos a alcanzar, por un lado la eliminación de la conducta agresiva y por otro la potenciación junto con el aprendizaje de la conducta asertiva o socialmente hábil. Son varios los procedimientos con que contamos para ambos objetivos. Cuál o cuáles elegir para un niño concreto dependerá del resultado de la evaluación.
Vamos a ver algunas de las cosas que podemos hacer. En el caso de un niño que hemos evaluado se mantiene la conducta agresiva por los reforzadores posteriores se trataría de suprimirlos, porque si sus conductas no se refuerzan terminará aprendiendo que sus conductas agresivas ya no tienen éxito y dejará de hacerlas. Este método se llama extinción y puede combinarse con otros como por ejemplo con el reforzamiento positivo de conductas adaptativas. Otro método es no hacer caso de la conducta agresiva pero hemos de ir con cuidado porque sólo funcionará si la recompensa que el niño recibía y que mantiene la conducta agresiva era la atención prestada. Además si la conducta agresiva acarrea consecuencias dolorosas para otras personas no actuaremos nunca con la indiferencia. Tampoco si el niño puede suponer que con la indiferencia lo único que hacemos es aprobar sus actos agresivos.
Existen asimismo procedimientos de castigo como el Tiempo fuera o el coste de respuesta. En el primero, el niño es apartado de la situación reforzante y se utiliza bastante en la situación clase. Los resultados han demostrado siempre una disminución en dicho comportamiento. Los tiempos han de ser cortos y siempre dependiendo de la edad del niño. El máximo sería de 15 minutos para niños de 12 años. El coste de respuesta consiste en retirar algún reforzador positivo contingentemente a la emisión de la conducta agresiva. Puede consistir en pérdida de privilegios como no ver la televisión.
El castigo físico no es aconsejable en ninguno de los casos porque sus efectos son generalmente negativos: se imita la agresividad y aumenta la ansiedad del niño.

Algunas consideraciones sobre el castigo en general
***Debe utilizarse de manera racional y sistemática para hacer mejorar la conducta del niño. No debe depender de nuestro estado de ánimo, sino de la conducta emitida.
***Al aplicar el castigo no lo hagamos regañando o gritando, porque esto indica que nuestra actitud es vengativa y con frecuencia refuerza las conductas inaceptables.
***No debemos aceptar excusas o promesas por parte del niño.
***Hay que dar al niño una advertencia o señal antes de que se le aplique el castigo.
***El tipo de castigo y el modo de presentarlo debe evitar el fomento de respuestas emocionales fuertes en el niño castigado.
***Cuando el castigo consista en una negación debe hacerse desde el principio de forma firme y definitiva.
***Hay que combinar el castigo con reforzamiento de conductas alternativas que ayudarán al niño a distinguir las conductas aceptables ante una situación determinada.
***No hay que esperar a que el niño emita toda la cadena de conductas agresivas para aplicar el castigo, debe hacerse al principio.
***Cuando el niño es mayor, conviene utilizar el castigo en el contexto de un contrato conductual, puesto que ello ayuda a que desarrolle habilidades de autocontrol.
***Es conveniente que la aplicación del castigo requiera poco tiempo, energía y molestias por parte del adulto que lo aplique.

¿Qué pueden hacer los padres y los profesores?
Una vez llegados a este apartado la mayoría de vosotros ya os habéis dado cuenta que la conducta agresiva de vuestro hijo es una conducta aprendida y como tal puede modificarse. También la lectura anterior os ha servido para comprender que una conducta que no se posee puede adquirirse mediante procesos de aprendizaje. Con lo cual el objetivo en casa o en la escuela también será doble: desaprender la conducta inadecuada y adquirir la conducta adaptativa.

Si montamos un programa para cambiar la conducta agresiva que mantiene nuestro hijo hemos de tener en cuenta que los cambios no van a darse de un día a otro, sino que necesitaremos mucha paciencia y perseverancia si queremos solucionar el problema desde casa.
Una vez tenemos claro lo anterior, la modificación de la conducta agresiva pasará por varias fases que irán desde la definición clara del problema hasta la evaluación de los resultados.
Vamos a analizar por separado cada una de las fases que deberemos seguir:

Definición de la conducta
Hay que preguntarse en primer lugar qué es lo que nuestro hijo está haciendo exactamente. Si nuestra respuesta es confusa y vaga, será imposible lograr un cambio. Con ello quiero decir que para que esta fase se resuelva correctamente es necesario que la respuesta sea específica. Esas serán entonces nuestras conductas objetivo (por ejemplo, el niño patalea, da gritos cuando...).
Frecuencia de la conducta:
Confeccione una tabla en la que anotar a diario cuantas veces el niño emite la conducta que hemos denominado globalmente agresiva. Hágalo durante una semana.
Definición funcional de la conducta:
Aquí se trata de anotar qué provocó la conducta para lo cual será necesario registrar los antecedentes y los consecuentes. Examine también los datos específicos de los ataques. Por ejemplo, ¿en qué momentos son más frecuentes?
Procedimientos a utilizar para la modificación de la conducta:
Nos planteamos en la elección dos objetivos: debilitar la conducta agresiva y reforzar respuestas alternativas deseables (si esta última no existe en el repertorio de conductas del niño, deberemos asimismo aplicar la enseñanza de habilidades sociales).

Ciertas condiciones proporcionan al niño señales de que su conducta agresiva puede tener consecuencias gratificantes. Por ejemplo, si en el colegio a la hora del patio y no estando presente el profesor, el niño sabe que pegando a sus compañeros, éstos le cederán el balón, habrá que poner a alguien que controle el juego hasta que ya no sea preciso.
Debemos reducir el contacto del niño con los modelos agresivos. Por el contrario, conviene suministrar al niño modelos de conducta no agresiva. Muéstrele a su hijo otras vías para solucionar los conflictos: el razonamiento, el diálogo, el establecimiento de unas normas. Si los niños ven que los adultos tratan de resolver los problemas de modo no agresivo, y con ello se obtienen unas consecuencias agradables, podrán imitar esta forma de actuar. Para vosotros papás entrenar el autocontrol con ayuda de la relajación.

***Reduzca los estímulos que provocan la conducta. Enseñe al niño a permanecer en calma ante una provocación.
***Recompense a su hijo cuando éste lleve a cabo un juego cooperativo y asertivo.

Existe una cosa denominada "Contrato de contingencias" que tiene como finalidad comprometer al niño en el proyecto de modificación de conducta. Es un escrito entre padres e hijo en el que se indica qué conductas el niño deberá emitir ante las próximas situaciones conflictivas y que percibirá por el adulto a cambio. Asimismo se indica qué coste tendrá la emisión de la conducta agresiva. El contrato deberá negociarse con el niño y revisarlo cada X tiempo y debe estar bien a la vista del niño. Tenemos que registrar a diario el nivel de comportamiento del niño (como hacíamos con la enuresis) porque la mera señal del registro ya actúa como reforzador. Esto es adecuado para niños a partir de 9 años.

Ponga en práctica su plan
Cuando ya ha determinado qué procedimiento utilizará, puede comenzar a ponerlo en funcionamiento. Debe continuar registrando la frecuencia con que su hijo emite la conducta agresiva para así comprobar si el procedimiento utilizado está o no resultando efectivo. No olvide informar de la estrategia escogida a todos aquellos adultos que formen parte del entorno del niño.
Mantenga una actitud positiva. Luche por lo que quiere conseguir, no se desmorone con facilidad. Por último, fíjese en los progresos que va haciendo su hijo más que en los fallos que pueda tener. Al final se sentirán mejor tanto Vd. Como su hijo.
Evalúe los resultados del programa:
Junto con el tratamiento que usted ha decidido para eliminar la conducta agresiva de su hijo, usted ha planificado también reforzar las conductas alternativas de cooperación que simbolizan una adaptación al ambiente. Una vez transcurridas unas tres semanas siguiendo el procedimiento, deberá proceder a su evaluación. Si no hemos obtenido ninguna mejora, por pequeña que sea, algo está fallando, así es que deberemos volver a analizar todos los pasos previos. La hoja de registro nos ayudará para la evaluación de resultados. Si hemos llegado al objetivo previsto, es decir, reducción de la conducta agresiva, no debemos dejar drásticamente el programa que efectuamos, porque debemos preparar el terreno para que los resultados conseguidos se mantengan.
Para asegurarse de que el cambio se mantendrá, elimine progresivamente los reforzadores materiales. No olvide que los procedimientos que usted como padre ha aprendido, los puede interiorizar para provocar en usted mismo un cambio de actitud. Practique el entrenamiento en asertividad y será más feliz.

Autor: Gloria Marsellach Umbert - Psicóloga

martes, 30 de junio de 2009

INTERVENCIÓN y COMPRENSIÓN de Conductas Autoagresivas

Las conductas autoagresivas son las más devastadoras de las exhibidas por las personas con discapacidades en el desarrollo.
Las formas más comunes de conductas autoagresivas incluyen: golpearse la cabeza, morderse las manos y rascado o frotamiento excesivo. Existen muchas razones posibles por las que una persona podría producir conductas autoagresivas, desde razones
bioquímicas a socioambientales. Este artículo discutirá algunas de estas numerosas causas de la autoagresión y recomendará las intervenciones para cada causa.

Análisis Funcional
Un análisis funcional de la conducta autoagresiva del individuo debería realizarse como prioridad para obtener una descripción detallada de la conducta y determinar las relaciones posibles entre la conducta y el ambiente físico y social (ver Wacker, Northup y Lambert, 1997).
La información obtenida
de un análisis funcional debería incluir: ¿Quién estaba presente?, ¿Qué pasó antes, durante y después de la conducta?, ¿Cuándo ocurrió?, ¿Dónde ocurrió?. Se podría esperar que, contestando a estas preguntas, se ayude a revelar por qué ocurre la conducta.Antes de la recolección de datos, es importante definir la conducta de interés. El foco del análisis funcional debe ser una conducta específica (p.ej. morderse las muñecas) más que una categoría conductual amplia (p.ej. conductas autoagresivas) . Combinar varios tipos de autoagresión podría hacer difícil el proceso de determinar las diferentes causas para cada conducta.
Por ejemplo, si una persona se muerde las muñecas y muestra un rascado excesivo, podría haber diferentes razones para cada conducta (ver Edelson, Taubman y Lovaas1983). Morderse la muñeca podría deberse a una reacción ante la frustración, mientras que el rascado excesivo podría ser una manera de autoestimulación.
Durante la recolección de datos, las características más destacables de la conducta autoagresiva deberían ser registradas, por ejemplo, su frecuencia, duración y severidad. La recolección de datos debería incluir también información sobre el ambiente físico y social de la persona.
El ambiente físico incluye: el contexto (p.ej. el aula, cafetería, parque de juego), la iluminación (luz natural, fluorescente, incandescente) y sonidos (p.ej. la
cortadora de cesped, otro niño llorando). Los nombres (o códigos) de todos los
presentes en el ambiente deberían ser registrados. Aquí, debe incluirse a los
maestros, padres, empleados, visitantes y estudiantes/ clientes. Otros factores
destacables a ser registrados son: la hora, día de la semana, comida ingerida en las últimas 36 horas, y posiblemente las características de otras personas (p.ej. perfume, olor).

Razones Fisiológicas de la conducta Autoagresiva
Bioquímicas

Algunos investigadores han sugerido que ciertos neurotransmisores podrían causar conductas autoagresivas. Las Beta-endorfinas son sustancias pseudo-opiáceas en el cerebro, y la autoagresión podría incrementar su producción y/o liberación. Como resultado, el individuo experimenta un efecto pseudo-anesté sico y, de forma ostensible, no experimentará ningún dolor mientras produce la conducta (Sandman y cols., 1983).
Además, la liberación de endorfinas produce en el sujeto una sensación similar a la
euforia. El apoyo a esta explicación proviene de estudios en los cuales drogas
que bloquean la unión a los receptores opiáceos (p.ej. naltrexona y naloxona)
reducen de forma exitosa la autoagresión (Herman y cols., 1989).Investigació n en animales de laboratorio, así como investigaciones donde son administradas drogas a seres humanos, han indicado que una deficiencia de serotonina y altos niveles de dopamina están asociados a conductas autoagresivas (DiChiara y cols., 1971; Mueller y Nyhan, 1982).
En un estudio con población heterogénea de individuos con retraso mental, Greenberg y Coleman (1976) administraron drogas como la reserpina y clorpromazina, que
reducen los niveles de serotonina. Estos investigadores observaron un incremento
dramático en conductas agresivas y autoagresivas. Las drogas que elevan los
niveles de dopamina, como las anfetaminas y la apomorfina, producen conductas
autoagresivas (Mueller y Nyhan, 1982; Mueller y cols., 1982).Otro hallazgo
interesante fue el realizado por Coleman (1994), quien estudió un grupo de niños autistas que mostraban bajos niveles de calcio (p.ej. hipocalcinuria) . Estos individuos a menudo exhibían conductas de golpearse los ojos con la punta de los dedos (eye-poking) . Cuando se le administraron suplementos de calcio, esta conducta disminuyó notablemente.
Además de esto, se observó una mejoría en el funcionamiento del lenguaje.
Qué observar: cuando la autoagresión está asociada con anormalidades bioquímicas, podría haber una mínima o ninguna relación entre el ambiente físico/social y la conducta. De esta forma, la conducta podría ocurrir en varios contextos y ante diferentes personas. Sin embargo, la autoagresión podría ocurrir menos frecuentemente en situaciones en las cuales la conducta del individuo es incompatible con la autoagresión, como cuando está comiendo, jugando y trabajando en una tarea.Intervenció n: Puede implementarse intervención médica y
nutricional para normalizar la bioquímica del individuo, esto a su vez, podría reducir las conductas severas. Aunque son las drogas los tratamientos que se
utilizan comúnmente para incrementar los niveles de serotonina o para bajar los
niveles de dopamina, el Instituto de Investigación del Autismo (ARI) en San Diego, ha recibido reportes de miles de padres que han dado a sus hijos vitamina B6, calcio y/o DMG. Estos padres observaron a menudo una dramática reducción en algunos casos, en otros una eliminación, de las conductas autoagresivas.
Los padres han reportado así mismo, reducción en conductas severas y problemáticas
después de aplicar a sus hijos una dieta restringida, como la dieta libre de
gluten y caseína, o el eliminar alimentos específicos ante los cuales el niño
mostrara signos de reacción alérgica. Convulsione s.Las conductas autoagresivas a menudo han sido asociadas con actividad ictal en los lóbulos temporal y frontal (Gedye, 1989; Gedye, 1992).
Las conductas asociadas a actividad ictal incluyen: golpearse la cabeza, golpearse con las manos los oídos y/o la cabeza, morderse las manos, golpear con la barbilla, rascado de cara o brazos, y en algunos casos contacto cara-rodilla.
Debido a que estas conductas son involuntarias, algunos individuos buscan alguna forma de restringirse y controlarse a sí mismos (p.ej. tener sus brazos amarrados). Aproximadamente 25% de las personas con autismo comienzan a convulsionar durante la pubertad. La razón exacta para la aparición de las convulsiones es desconocida, pero es probable que la actividad convulsiva podría deberse a los cambios hormonales en el cuerpo. Algunas veces, la actividad anormal en el cerebro es notoria (p.ej. asociadas con convulsiones) , pero para muchos individuos las manifestaciones son pequeñas convulsiones subclínicas, no detectadas típicamente por simple
observación.
Que observar: las conductas autoagresivas inducidas por convulsiones son involuntarias, no se podría observar una relación entre la conducta del individuo y
su ambiente. Sin embargo, debido a que el estrés puede provocar convulsiones, podría haber una relación entre los estresores presentes en el ambiente y la autoagresión. Estos estresores podrían incluir demasiada estimulación física (p.ej. luz y ruido) y/o estimulación social (p.ej. regaños, órdenes).
Si la conducta comienza o empeora durante la pubertad, se podría considerar la posibilidad de actividad convulsiva. Si se sospecha de convulsiones, se recomienda que el individuo se examine con un EEG.Intervenció n: aunque se utilizan drogas para controlar la actividad convulsiva, éstas a menudo se asocian a efectos secundarios adversos.
Existe evidencia de que el DMG y la vitamina B6 reducirán la actividad convulsiva sin efectos negativos (Gascon, Patterson, Yearwood y Slotnick, 1989; Roach y Carlin, 1982). Los alimentos también podrían reducir las convulsiones (Rapp, 1991).

Genética
La conducta autoagresiva se encuentra asociada a varios desórdenes genéticos, incluyendo el Síndrome Lesch-Nyhan, Síndrome X Frágil y Síndrome Cornelia de Lange. Se cree que estos desórdenes genéticos podrían causar alguna forma de daño
estructural y/o anormalidades bioquímicas las cuales, a su vez, podrían causar que el individuo se autoagreda.
Qué observar: aquellas personas con Síndrome de Lesch-Nyhan a menudo se muerden alrededor de la boca y los dedos; aquellos con Síndrome de X Frágil a menudo se muerden (incluyendo los labios y dedos); y aquellos con Síndrome Cornelia de Langese muerden y se pegan en la cara. Es muy posible que estos individuos exhiban otras formas de autoagresión y sea debida a razones no fisiológicas. Por ejemplo, su conducta puede deberse en parte a la frustración resultante de pobres habilidades de comunicación (ver más abajo).
Intervenciones: las intervenciones bioquímicas como suplementos nutricionales y medicación parecen ser los tratamientos de elección para estos individuos. También es posible que las otras intervenciones discutidas en este artículo podrían ayudar a estos individuos. Por ejemplo, la modificación de conducta podría enseñarles a inhibir dichas conductas.

Excitación

Se sugiere que el nivel de excitación de un individuo podría estar asociado a conductas autoagresivas. Algunos investigadores han especulado que la autoagresión podría incrementar o disminuir el nivel de excitación. La teoría de la
sub-excitación dice que aquellas personas que funcionan en un bajo nivel de excitación, producen conductas autoagresivas para incrementar su nivel
de excitación (Edelson, 1984; Baumeister y Rollings,1976) . En este caso, la
autoagresión podría ser considerada como una forma extrema de autoestimulación.
En contraste, la teoría de la sobre-excitación dice que aquellas personas que funcionan en niveles muy altos de excitación (p.ej. tensión, ansiedad) producen conductas autoagresivas para disminuir su nivel de excitación. Esto es, la conducta podría actuar como una forma de despejar la tensión y/o la ansiedad. Los altos niveles de excitación podrían resultar de una disfunción fisiológica interna y/o podrían ser producidos por un ambiente muy estimulante. Una reducción de la excitación podría ser un reforzante positivo, y por esto el paciente producirá más a menudo conductas autoagresivas cuando encuentre un estímulo que produzca excitación (Romanczy, 1986).
Qué observar: con respecto a la sub-excitación, la autoagresión podría observarse cuando el individuo se encuentra aburrido y/o cuando no está involucrado en actividades. Con respecto a la sobre-excitación, la autoagresión podría observarse en situaciones muy estimulantes, como en ambientes especialmente ruidosos o en sitios muy iluminados.Interven ción: si la persona está sub-excitada, un
incremento en el nivel de actividad podría ser de ayuda. Por ejemplo, implementar un programa de ejercicios (p.ej. bicicleta fija). Si la persona está sobre-excitada, es recomendable que se tomen acciones antes de la aparición de la conducta, para reducir los niveles de excitación. Esto podría incluir: técnicas de relajación (Cautela y Groden, 1978), presión profunda (Edelson y cols., 1998), estimulación vestibular (King, 1991), y/o cambiar a la persona de la situación estimulante. Es interesante que los ejercicios también podrían ser utilizados para reducir el nivel de excitación (p.ej. una forma de liberación).

Dolor
Otra razón por la cual un individuo puede golpearse la cabeza, es para reducir dolor de una infección del oído medio o una migraña (de Lissovoy, 1963; Gualtieri, 1989). Adicionalmente, algunos individuos autistas reportan que ciertos sonidos como los de un bebé llorando o una aspiradora les producen dolor. En todos estos ejemplos, la autoagresión puede producir la liberación de beta-endorfinas las cuales pueden disminuir el dolor.
Por el contrario, estos sujetos pueden estar "bloqueando" el dolor. En este caso, la
estimulación en un área del cuerpo (en este caso debido al daño autoproducido)
podría reducir o aplacar el dolor en otra área del cuerpo.Qué observar: la conducta de autoagresión podría ocurrir esporádicamente. El individuo podría mostrar signos de enfermedad o parecer con malestar y dolor en aquellos días cuando exhibe la autoagresión. La historia familiar del individuo debe ser chequeada para verificar si la migraña se presenta como antecedente. Si es posible, se deben examinar los oídos y tomar la temperatura corporal para asegurarse sobre la presencia de infecciones en el oído medio.
Intervención: el consumo de productos lácteos está a menudo asociado con infecciones del oído medio en algunas personas alérgicas. Ciertos alimentos en la dieta de un individuo pueden ser responsables por las migrañas.
Adicionalmente, la deficiencia de magnesio se asocia a un aumento de la
sensibilidad al sonido. Los suplementos de magnesio son seguros y pueden reducir
la sensibilidad al sonido en algunos individuos. La dosificación recomendada es
de 3 a 4 miligramos por 10 libras al día. El Entrenamiento Auditivo ha
demostrado también reducir la sensibilidad al sonido (Rimland y Edelson,
1994).

Sensorial
El rascado o frotamiento excesivos podrían ser formas extremas de autoestimulación. La persona podría no sentir los niveles normales de estimulación física; y como resultado, daña su piel tratando de recibir estimulación o incrementar excitación (Edelson, 1984).
Qué observar: las personas parecen ser insensibles al dolor y posiblemente al tacto. La conducta podría disminuir si la persona está ocupada
(p.ej. jugando, trabajando en una tarea) debido a que su atención se dirige fuera de su cuerpo.Intervenció n: se debe animar a la persona a aplicar formas más seguras de estimulación física en aquellas partes del cuerpo que rasca o frota excesivamente. Esto podría incluir aplicar un vibrador de masaje, frotar objetos con textura contra la piel (como macarrones o granos sin cocinar), frotar un cepillo contra la piel.

Frustración

Los cuidadores y padres informan a menudo que la autoagresión de los niños es resultado de la frustración. Esto es consistente con el modelo Frustración-Agresión propuesto por Dollard y sus colegas (1939). Comúnmente se informa de situaciones como la siguiente: una persona con pobres habilidades de comunicación se frustra
debido a su falta de comprensión (p.ej. comunicación receptiva) o debido a que los cuidadores les falta capacidad de comprensión (p.ej. pobre comunicación expresiva); o un individuo que muestra buenas capacidades comunicativas pero no obtiene lo que desea. Estas razones son discutidas en la siguiente sección. Causas Sociales Comunicació n.Los problemas de comunicación han estado muy a menudo asociados
a conductas autoagresivas. Si una persona posee pobres habilidades receptivas
y/o comprensivas, esto puede llevarle a frustración e incrementarse hasta
convertirse en autoagresión.
Qué Observar: si la persona posee pobres habilidades receptivas, el problema podría ser la comunicación si las conductas ocurren después de que alguien le diga algo. Adicionalmente, si el individuo posee pobres habilidades expresivas, las conductas autoagresivas podrían ocurrir después que el individuo trate de comunicarse, quizás mediante gestos; y los cuidadores no lo entienden o no responden apropiadamente. En estas circunstancias, las personas podrían comenzar la autoagresión sin realizar
ningún gesto previo a la conducta. Esta persona podría haber aprendido con el
tiempo que recibirá atención después de producir autoagresión.
Intervención: la persona podría no comprender lo que se le dice y trata de comunicarse con métodos no verbales (p.ej. lenguaje de signos, gestos). Con respecto al lenguaje expresivo, a estos individuos se le debe enseñar un método de comunicación funcional (Dyer y Larsson, 1997).

Atención Social
Mucha investigación se ha focalizado en las contingencias sociales de la autoagresión. Lovaas y colaboradores fueron capaces de controlar la frecuencia de la autoagresión mediante la manipulación de consecuencias sociales (Lovaas y cols., 1965; Lovaas y Simmons, 1969). Básicamente, la atención positiva puede aumentar la frecuencia de la autoagresión (p.ej. refuerzo positivo), mientras que ignorar la conducta puede disminuir su frecuencia (p.ej. extinción).
Qué Observar: posterior a un episodio de autoagresión, se puede observar al cuidador atender al individuo. Esta atención puede ser positiva (p.ej. ¿Qué quieres?) o negativa (¡No hagas eso!). Note que el individuo podría interpretar la atención negativa de una manera positiva; y consecuentemente, la conducta aún así es reforzada.Intervenc iones: si el individuo tiende a recibir atención
posterior a la conducta, especialmente si la atención es positiva, entonces el cuidador debe ignorar la conducta. Si esto no es posible debido a que el individuo se puede dañar, entonces el cuidador debe minimizar el contacto con el
individuo mostrando mínima expresión facial (ni aprobatoria ni desaprobatoria).
La consistencia es muy importante debido a que la conducta continuará si el
individuo recibe reforzamiento continuo (p.ej. atención) por su conducta.De hecho,la conducta se hará más fuerte y más resistente a la extinción si es intermitentemente reforzada.
Debido a que estos individuos buscan atención, lo cual es normal en la mayoría de las personas, deben recibirla, pero no de forma contingente a la autoagresión. Por ejemplo, los cuidadores deberían darle atención cuando no se encuentra realizando conductas autoagresivas (p.ej. atención positiva siguiendo 10 minutos sin conductas
autoagresivas) . Hay numerosas estrategias y programas de contingencia que pueden
ser implementadas para dar atención al individuo (p.ej. RDO-reforzamiento
diferencial de otras conductas).

Obtención de Objetos o Eventos
Otra de las razones por las cuales un individuo podría producir conductas autoagresivas es obtener un objeto o evento (Durand, 1986; Durand y Cremmins, 1988). Por ejemplo, un individuo podría pedir algo, no recibirlo y entonces producir una conducta autoagresiva. Adicionalmente, la conducta podría reforzarse positivamente, si el individuo recibe ocasionalmente el objeto o evento deseado. Una encuesta realizada por Maisto y cols., (1978) reportó que un 33% de los pacientes producían conductas autoagresivas porque "deseaban algo".
Qué observar: la autoagresión podrá observarse típicamente después que se pida algo y no lo obtenga. Mientras se produce la autoagresión, el individuo ocasionalmente obtiene lo que desea.Intervenció n: los cuidadores del individuo no deberían dar
nada al individuo durante o posterior al episodio de autoagresión.
La consistencia también es importante, debido a que la conducta continuará aun si la persona "obtiene lo que desea" solo en algunas ocasiones (vea la discusión previa sobre el reforzamiento intermitente) . Un programa conductual se puede utilizar para permitirle al individuo que obtenga lo que desea, pero esto debe suceder de una forma sistemática, controlada y no-violenta (p.ej. dar a la persona opciones de momentos específicos durante el día).

Evitación/ Escape
Algunos individuos producen conductas autoagresivas para escapar o evitar encuentros sociales "aversivos" (Carr y cols., 1976; Edelson y cols., 1983).
El individuo podría producir conductas autoagresivas justo antes de las interacciones sociales; y por ende, las evitará antes que comiencen. De forma alternativa, el individuo podría producir conductas autoagresivas para escapar (terminar) encuentros sociales que ya se han iniciado. Por ejemplo, un cuidador podría pedirle a su paciente que haga algo (p.ej. que abandone el área de juego); y si el individuo no desea cooperar, podría producir una autoagresión.
Como consecuencia, la respuesta inicial del cuidador es olvidada, y su atención se desvía a controlar la autoagresión. Qué observar: en una situación de "evitación", la persona podría comenzar la autoagresión poco después que alguien entra en el cuarto y se le acerca. En una situación de "escape", el individuo podría comenzar la
autoagresión durante un encuentro social. Los pedidos del cuidador son abandonadas poco después que el sujeto produce una autoagresión. Intervenciones: en esta situación es importante que el cuidador "llegue al final" con sus pedidos o demandas al individuo. Si el individuo produce una autoagresión, el cuidador puede continuar haciendo sus pedidos durante la conducta; o el cuidador puede dirigir su atención a parar la conducta pero presentando de inmediato el pedido hasta que el individuo
colabore.

Conclusiones
Es importante comprender que existen diferentes razones por las cuales las personas producen conductas autoagresivas. Edelson y cols., (1983) observaron tres diferentes formas de autoagresión en el mismo individuo.
El paciente fue observado durante cinco horas, se registraron todos los
antecedentes y consecuentes de la conducta. El paciente recibió atención después que golpeaba su cabeza contra la rodilla, pellizcaba su estómago después que miembros del personal le pidieran hacer algo, y mordía su muñeca después que pedía algo y no lo recibía.
También es posible que una forma de autoagresión sirva para más de una función. Por ejemplo, un individuo se mordía la muñeca cuando se le hacía
difícil comunicar sus necesidades o cuando no conseguía lo que deseaba.
Cuando se realiza un análisis funcional, la razón subyacente para la conducta autoagresiva puede no ser obvia en algunos casos. Basándonos en datos observacionales, las posibles razones para la conducta deben ordenarse de la más probable a la menos probable. Este ordenamiento puede entonces determinar el rango en el cual las diferentes intervenciones pueden ser implementadas.
La investigación ha demostrado también que los métodos aversivos (p.ej. castigo) podrían ser efectivos para reducir o eliminar conductas autoagresivas, entrenando al individuo a inhibirlas. Si la conducta es severa y si se han realizado numerosos intentos fallidos para reducir la conducta, entonces se podría considerar el uso de técnicas aversivas para frenar la conducta. Se ha demostrado que el uso de estímulos (pantallas) visuales (p.ej. colocar un paño o pedazo de papel blanco frente al individuo) puede ser efectivo en reducir conductas severas, como la agresiva y autoagresivas. Otras formas de métodos aversivos constituyen: poner jugo de limón en la boca, rociar la cara del individuo con agua, inclinar hacia atrás a la persona, y en algunos casos, usar leves shocks eléctricos.
Deben tomarse muchas precauciones cuando se use una estrategia aversiva. Por ejemplo, se debe evitar la inconsistencia, debe realizarse la generalizació n a través de diferentes contextos y cuidadores, y deben incorporarse medidas de seguridad ante un posible abuso.
Mediante el examen detallado de la conducta de un individuo, se pueden realizar deducciones razonables sobre la intervención apropiada. Esta estrategia es más efectiva que apoyarse en el "ensayo y error". Finalmente, es importante tener un punto de vista positivo cuando se trate de comprender e intervenir esta conducta. La conducta, aún la autoagresiva, puede usualmente ser controlada. Un artículo excelente sobre el tratamiento de conductas destructivas fue publicado por el Instituto Nacional de Salud en 1991.
Este artículo está localizado en internet en: http://text. nlm.nih.gov/ nih/cdc/www/ 75.html

Autor: Stephen M. Edelson, Ph.D.

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