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jueves, 25 de octubre de 2012

Los niños autistas y el sueño

Investigadores de la Facultad de Psicología de la UNAM estudian los problemas de sueño en niños autistas, con la finalidad de obtener herramientas que los ayuden a mejorar su calidad de vida.

El autismo es una alteración psiquiátrica de los seres humanos que se presenta desde la infancia. Investigaciones recientes han demostrado que puede originar un retraso y desorganización del desarrollo cerebral, lo cual afecta el sueño de las personas que lo padecen.
Aunque no existen muchas investigaciones sobre la relación del autismo y los trastornos del sueño, se sabe que es común que aquellas personas con alteraciones psiquiátricas presenten trastornos del sueño, los cuales también agravan los síntomas de este tipo de padecimientos.
En los niños con autismo sus periodos de sueño se trastornan. Duermen menos, tienen dificultad para conciliar el sueño, despiertan con frecuencia por la noche, su sueño es fragmentado y después tienen dificultades para volver a dormir, además de que hay baja eficiencia de sueño y somnolencia diurna.
Fructuoso Ayala Guerrero, académico e investigador de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, lleva más de 40 años trabajando en el área de sueño, tanto desde el punto de vista básico, experimental, con animales, como con trastornos del sueño en humanos. Asimismo, con su grupo de trabajo ha detectado que algunos pacientes con alteraciones psiquiátricas, también tienen trastornos del sueño.

Desarrollos universitarios
Algunos de los proyectos de investigación que se desarrollan en la FP incluyen las dos problemáticas: autismo y trastornos del sueño. En ellos, se ha detectado que el coeficiente intelectual de los niños autistas está por debajo de lo esperado, en comparación con los niños sin autismo; presentan problemas con su funcionamiento cerebral, de aprendizaje, de memoria y para manejar la información, además de que tienen alteraciones en su estado de ánimo.

"En datos obtenidos en la literatura y por nosotros, hemos detectado que los pacientes con autismo duermen relativamente poco y no sabemos si es la falta de sueño la que produce estos deterioros del funcionamiento cerebral, o bien, estos problemas del funcionamiento cerebral son los que dan origen a las alteraciones del sueño. Estamos analizando con el propósito de encontrar respuestas y, en función de eso, implementar técnicas que puedan apoyar a los niños autistas", explicó el doctor Fructuoso Ayala.
Dentro de este grupo de pacientes, existen aquellos que tienen el síndrome de Asperger, contemplados dentro de lo que se llama espectro autista de mayor rendimiento, añadió el investigador, quien anotó que hasta hoy su equipo ha estudiado a cerca de 20 pacientes con este síndrome, a los cuales se les han realizado valoraciones neuropsicológicas "y vemos que su funcionamiento cerebral, como era de esperarse, está debajo de lo normal", apuntó.

El siguiente paso con estos pacientes, añadió el investigador, sería realizar un estudio cerebral con técnicas de neuro-imagen que permitan analizar el interior del cerebro, con el propósito de encontrar alguna posible lesión o ver cómo trabajan diferentes áreas del cerebro cuando los pacientes están llevando a cabo una tarea determinada.
Aunado a ello, se llevará a cabo el estudio de los patrones de sueño de todos estos paciencias, con el propósito de detectar alguna información que pueda contribuir a entender qué pasa en estos pacientes, por qué no funcionan adecuadamente.
De acuerdo con el doctor Fructuoso Ayala "en la población de personas con desorden del espectro autista, falta información para poder relacionar los problemas de sueño nocturno con desórdenes de su comportamiento diurno. Sin embargo, las pocas evidencias existentes han sugerido cierta relación", concluyó.

Un mundo aparte

Uno de los trastornos psiquiátricos que ha tomado relevancia en los últimos años es el autismo. Originalmente no se tenía identificado el síndrome autista como tal, sino que fue confundido durante mucho tiempo con patologías como retraso mental, demencia precoz, psicosis o esquizofrenia.
En los pacientes con autismo sus funciones cerebrales están alteradas. Se presentan problemas con la utilización del lenguaje y la comunicación conductual, es decir, tienden a aislarse y a no comunicarse a través de la mirada. Algunos presentan ecolalia, que es repetir muchas veces una palabra que escuchan. Otros tienen lo que se llama pensamiento rígido, es decir, no tienen la capacidad de modificar lo que están haciendo.
Es muy difícil determinar en qué momento surge el autismo en un niño. Pero existen señales que los padres deben tomar en cuenta para saber si sus hijos pueden presentar este trastorno. Por ejemplo, si notan que su hijo desde los cuatro meses de edad casi no interactúa con su entorno, no presenta una comunicación conductual activa, es decir, que no sonría, intercambie miradas, ni haga gestos, entre otros.
Hasta este momento no hay una cura para el autismo. Por lo que entre las primeras recomendaciones que se dan es que se conozca en qué etapa se encuentra, qué otros trastornos se presentan y con esta información buscar el tratamiento más adecuado para el paciente.

Fuente: Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

lunes, 23 de julio de 2012

La actividad neuronal durante el sueño favorece el aprendizaje

Las ondas eléctricas lentas que se propagan durante el sueño influyen en la consolidación de la memoria y favorecen el aprendizaje, según han asegurado en Barcelona investigadores internacionales en el simposio 'Inducción de la plasticidad cerebral durante el sueño'. Añaden que el sueño es también un biomarcador de la maduración cerebral.


La actividad eléctrica lenta del cerebro durante el sueño profundo favorece el aprendizaje, según los resultados que ha presentado la investigadora María Victoria Sánchez-Vives, del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), en el congreso de la Federación Europea de Sociedades de Neurociencia (FENS) quese celebra en Barcelona del 14 al 18 de julio.
A partir del registro eléctrico de la actividad de las células nerviosas durante el sueño, el equipo del IDIBAPS observó movimientos de ondas eléctricas lentas y rítmicas en la corteza cerebral durante el sueño profundo. “Durante las oscilaciones inferiores a 1 Hz se alternan períodos de actividad lenta con otros de 'silencio' que son suficientes para desconectar y perder la consciencia”, explica Sánchez-Vives.
“Se ha investigado mucho sobre la comunicación neuronal en redes corticales 'silenciosas', pero ahora hemos observado una correlación entre el sueño de onda lenta y la consolidación de la memoria”, añade Sánchez-Vives.
Las electroencefalografías también mostraron cómo las redes neuronales externas interaccionan y están moduladas por áreas cerebrales más internas, como el tálamo, durante el período de no vigilia. “Nosotros estudiamos las oscilaciones de origen cortical, pero la corteza cerebral muestra una gran conectividad con otras estructuras del cerebro más profundas”, dice Sánchez-Vives.
Las conclusiones de los científicos del IDIBAPS revelan el éxito en la consolidación de información adquirida durante el día a la comunicación entre neuronas y a la cantidad de conexiones entre ellas durante las fases del sueño profundo.
Dormir como un niño
La investigadora española ha coordinado el simposio Inducción de la plasticidad cerebral durante el sueño, en el que han participado otros científicos como Jan Born, investigador de la Universidad de Tubinga (Alemania). Su equipo ha estudiado la conexión neuronal durante el sueño en niños y adolescentes para analizar la influencia de las ondas suaves en el aprendizaje.
Según los resultados presentados en la ponencia, las oscilaciones suaves son más acusadas durante los primeros años de desarrollo del niño, sobre todo en niños de entre cinco y 10 años. “El pico de densidad sináptica parece estar antes de la pubertad”, dice a SINC Born.
“Los niños exploran el espacio y aprenden constantemente”, cuenta Born. El experto añade que durante la adolescencia parece que hay “una optimización para reducir el número de conexiones neuronales para desarrollar las mismas habilidades y funciones cerebrales”, explica Born.
El grupo de Jan Born se interesó por la relación que hay entre el sueño en niños y adolescentes con la plasticidad cerebral hace unos años. “El sueño es un biomarcador de la maduración cerebral”, concluye Born.

Fuente: tendencias21.net

miércoles, 13 de junio de 2012

Apnea del sueño en los adolescentes

Los adolescentes que tienen apnea obstructiva del sueño están en mayor riesgo de problemas conductuales y del aprendizaje, según un estudio reciente.
La apnea obstructiva del sueño es un trastorno del sueño en que la respiración se detiene repetidas veces porque las vías respiratorias se bloquean. Los síntomas comunes incluyen ronquidos y un resoplido o jadeo estridente para respirar tras una pausa en la respiración, lo que puede ocurrir hasta 30 veces en una hora.
Investigadores de la Universidad de Arizona en Tucson hallaron que los niños con apnea del sueño que siguen teniendo el trastorno en la adolescencia tienen más problemas con la atención, la hiperactividad y la agresividad; más problemas para gestionar sus emociones y las situaciones sociales; y son menos capaces de cuidarse a sí mismos sin ayuda.

"Si no se trata, [la apnea obstructiva del sueño] tiene un impacto negativo en la capacidad de los jóvenes de regular su conducta, emociones e interacciones sociales", señaló en un comunicado de prensa de la Academia Americana de Medicina del Sueño (American Academy of Sleep Medicine) la autora líder del estudio Michelle Perfect, profesora asistente de estudios sobre la discapacidad y psicoeducativos. "Esas conductas pueden interferir con su capacidad de cuidarse a sí mismos y participar en conductas socialmente adecuadas, habilidades necesarias para tener éxito en la escuela".
El estudio incluyó a 263 niños a quienes se dio seguimiento tras cinco años. Las tasas de problemas sociales, conductuales y del aprendizaje se duplicaron y triplicaron, respectivamente, entre los jóvenes con apnea del sueño, en comparación con los niños que no sufrían del trastorno.
Los investigadores anotaron que la tasa más alta de problemas sociales y conductuales entre los adolescentes con apnea del sueño no podía ser explicada mediante otros factores como el sexo, la raza, la etnia, el índice de masa corporal o la edad.
Aunque el estudio halló una asociación entre la apnea del sueño y los problemas conductuales y sociales en los adolescentes, los investigadores no probaron que la apnea del sueño provoque esos problemas.
El hallazgo será presentado este martes en la reunión de las Sociedades Profesionales del Sueño Asociadas (Associated Professional Sleep Societies), en Boston. Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.


Fuente: American Academy of Sleep Medicine, news release, June 12, 2012.

lunes, 16 de abril de 2012

Los problemas de sueño podrían aumentar el riesgo de obesidad y diabetes

La privación del sueño, en combinación con unos ritmos afectados del "reloj biológico", podría resultar en algunos cambios en el metabolismo de una persona que pueden vaticinar tanto la obesidad como la diabetes, informan investigadores.
Participantes en un pequeño estudio a quienes solo se permitió dormir unas seis horas por noche y que se sometieron a ciclos cambiantes de sueño y vigilia tenían niveles más elevados de glucemia y unas "tasas metabólicas" más bajas en reposo. Tasa metabólica es un término que describe la velocidad con la que el organismo quema calorías para obtener energía.

Los niveles elevados de glucemia pueden llevar a la diabetes. Si la dieta y el ejercicio no cambian, las tasas metabólicas bajas pueden llevar a la obesidad, lo que a su vez eleva el riesgo de diabetes.
Investigaciones anteriores han mostrado que las personas que trabajan en horarios nocturnos o que duermen demasiado poco de manera continua tienen niveles elevados de grasas en sangre y son más propensas a ser obesas y a sufrir de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico (un conjunto de afecciones que se asocian con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca), señaló el Dr. Orfeu Buxton, autor principal del nuevo estudio y neurocientífico asociado del Hospital Brigham and Women's de Boston.

El grupo de investigación de Buxton había mostrado anteriormente, en laboratorio, que las personas que duermen solo cinco horas por noche durante una semana tienen un mayor riesgo de diabetes.
En este último estudio, que aparece en la edición del 11 de abril de la revista Science Translational Medicine, participaron 21 adultos sanos que se encerraron en un laboratorio durante casi seis semanas. Los investigadores controlaron sus ciclos de sueño, dieta y actividades.
Tras un periodo inicial de sueño normal (unas 10 horas por noche), los participantes tuvieron tres semanas de sueño restringido (menos de seis horas por periodo de 24 horas) junto con una alteración de su reloj biológico (o "ritmo circadiano") provocada por ciclos de días de 28 horas.

El horario fue similar al de los trabajadores con turnos rotativos.
La última parte del estudio consistió en nueve días de sueño normal para "recuperarse".
Durante el periodo de privación del sueño y de alteración del ritmo circadiano, la tasa metabólica en reposo de los participantes se redujo, mientras que sus niveles de glucemia tras las comidas aumentaron, a veces incluso a niveles considerados como prediabéticos. Esto se debió a que el páncreas no producía suficiente insulina, señaló Buxton, quien también es profesor asistente de la división de medicina del sueño de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.
Entre esos participantes, el descenso en la tasa metabólica fue suficiente para equivaler a unos 4.5 kilos (10 libras) añadidos en el transcurso de un año, señalaron los investigadores.
Tras el periodo final de nueve días de descanso y recuperación, las anomalías metabólicas volvieron a la normalidad.
Aunque tanto la restricción del sueño como la alteración crónica del ritmo circadiano afectan el metabolismo de la glucosa y aumentan el riesgo de diabetes, lo hacen por medios distintos, explicó Buxton.
La restricción del sueño por sí sola no resulta en ningún cambio en la tasa metabólica en reposo ni en los niveles de glucemia, aunque sí lleva a una mayor resistencia insulínica, o sea que la glucosa no se elimina con eficacia del torrente sanguíneo.
Pero estar conscientes de los riesgos inherentes en el trabajo en turnos (y en los viajes internacionales) significa que las personas pueden ajustarse para compensar.
"Quizás sea buena idea adaptar los ritmos circadianos al horario que se tiene, no solo el momento del sueño y de los periodos de luz y oscuridad, sino también el momento de las comidas, de forma que no se coma cuando el intestino está desactivado y no está listo para procesar la comida", aconsejó Buxton.
La Dra. Loren Wissner Greene es profesora clínica asociada de medicina del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York. En un comentario sobre el estudio, planteó que "esto muestra que en cierta forma, se puede controlar el destino al trastornar el sueño. Las personas podrían realizar modificaciones beneficiosas o nocivas que podrían afectar a su propio metabolismo".
Sin embargo, Greene advirtió que el estudio fue pequeño y que la conexión entre los cambios metabólicos y la diabetes en este contexto dista mucho de ser concluyente. Además, ninguno de los participantes hizo ejercicio durante el estudio, algo que podría haber alterado los hallazgos.

Fuentes: Orfeu M. Buxton, Ph.D., associate neuroscientist, Brigham & Women's Hospital, and assistant professor, division of sleep medicine, Harvard Medical School, Boston; Loren Wissner Greene, M.D., clinical associate professor, medicine, NYU Langone Medical Center, New York City; April 11, 2012, Science Translational Medicine

domingo, 18 de marzo de 2012

La vespertinidad influye en el rendimiento escolar

La relación es más clara entre los adolescentes de 12 a 14 años, según un estudio de la UCM.
La tendencia a la vespertinidad es algo común entre los adolescentes, quienes se levantan y acuestan cada vez más tarde. El reloj biológico dicta tales cambios. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) el desajuste entre la vespertinidad del adolescente y los horarios escolares matutinos, podría ser un aspecto más a considerar en la predicción del rendimiento escolar.

7:30 a.m. Suena el despertador. Alicia ya está despierta. Le dio tiempo a asearse y vestirse. Apaga el despertador mientras estira las sábanas de su cama. Sus cuadernos y libros preparados en el escritorio. La persiana levantada y la atmósfera de la habitación aireada.
7:45 a.m. Suena el reloj. Gema se esconde debajo de las sábanas. Vuelve a sonar. ¿En qué lugar estará? El escritorio, desordenado: revistas, libros y apuntes amontonados. Por el suelo, ropa. Desde el otro lado de la puerta, se oye una voz: “Gema, por favor, levántate. ¡Llegarás tarde una vez más!”

Alicia responde al tipo de persona matutina. Gema, a la tipología vespertina. Ambas representan los extremos de una tendencia o preferencia por la realización de tareas durante la mañana o la tarde. En parte, porque su reloj biológico se ajusta (Alicia) o se retrasa (Gema) con respecto a ese otro reloj incansable, el físico, el encargado del ciclo luz/oscuridad, y a aquel otro reloj social, empeñado en imponer tiempos y horarios.
La gran mayoría de la población no tiene una tendencia tan marcada: algunas veces y para ciertas cosas, se prefiere la mañana, mientras que para otras actividades, la tarde-noche. Y además, con la edad, tales preferencias cambian. Los niños/as tienden a la matutinidad en grado extremo, lo que corroboran cada fin de semana aquellos padres que desean dormir un poco más de lo habitual. En cambio, los adolescentes, a partir de los 12 años, suelen ser vespertinos. Lo que también constatan aquellos padres quienes desvelados, desesperan viendo luz en el dormitorio de sus hijos/as hasta bien entrada la madrugada: “¿cómo podrá estudiar a estas horas?, ¡tendría que estar durmiendo ya!”.

Tal preferencia por “ir retrasado” con respecto al reloj físico/social, parece ser consecuencia de los cambios hormonales propios de la pubertad (factores biológicos), así como del estilo de vida y vivencias en el entorno social y familiar (factores psicológicos y sociales). Investigaciones realizadas en diversos países indican que los adolescentes vespertinos obtienen un peor rendimiento académico. Dos son, entre otras, las posibles explicaciones: un menor tiempo de sueño y un mayor desajuste con los ritmos sociales (escolares y familiares).
Si los adolescentes vespertinos tienden a acostarse más tarde pero no pueden demorar su hora de levantarse porque han de ir a clase entre las 8:00 y 8:30 horas, es posible que no duerman un número suficiente de horas y su rendimiento se vea mermado. Pero también, aquellos más vespertinos pueden experimentar un desajuste entre sus ritmos (retrasados) y los ritmos del entorno escolar y familiar (más sincronizados con reloj físico/social matutino). Tal asincronía, que recuerda a la que se experimenta tras un vuelo transoceánico, se ha denominado como jet-lag social. Pero a diferencia del jet-lag del viajero, este otro jet-lag social, es diario, o si se quiere, permanente. Los síntomas son, entre otros, somnolencia a primeras horas del día, y un mejor momento a nivel físico y psicológico por la tarde-noche.

Tales aspectos han sido estudiados por el grupo de investigación “Estilos Psicológicos, Género y Salud” de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Cambio crítico hacia la vespertinidad durante la adolescencia

En el estudio participaron más de mil adolescentes entre 12 y 16 años, que cursaban Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Parte de los resultados han sido ya publicados en la revista Learning and Individual Differences. Los estudiantes cumplimentaron la Escala de Matutinidad/Vespertinidad, en la que se preguntaba por la hora preferida para realizar actividades tales como ejercicio físico, tareas exigentes (examen) o el momento ideal de acostarse y levantarse. Además, los adolescentes informaron de sus hábitos de sueño, así como de las notas obtenidas en diversas asignaturas (lengua castellana y literatura, ciencias sociales, geografía e historia, matemáticas e inglés).
Los resultados indicaron que los adolescentes vespertinos informaban haber obtenido peores notas, independientemente del tiempo de sueño nocturno. Estos resultados confirman la relación encontrada en otros países: mayor vespertinidad, menor rendimiento académico. Curiosamente, tal relación es más clara entre los adolescentes de 12 a 14 años, cuando se produce un mayor cambio hacia la vespertinidad. Se dispone, pues, de más evidencia empírica sobre la importancia de considerar la tipología circadiana (matutinos/as vs. vespertinos/as) del alumnado a la hora de planificar y distribuir el nivel de exigencia de las tareas a lo largo del día.

Fuente: tendencias21.net

viernes, 9 de marzo de 2012

Crean unos “auriculares de luz” que curan la depresión invernal


A través de los canales auditivos, proyectan luminosidad a unas proteínas fotosensibles del cerebro relacionadas con el humor y el sueño.
Millones de personas en el mundo experimentan durante el invierno un trastorno conocido como Trastorno Afectivo Estacional (TAD), que se cree está originado por la insuficiencia de luz solar y que provoca depresión y fatiga. Investigadores finlandeses han desarrollado un sistema que cura este trastorno, y que consiste en unos auriculares que proyectan sobre el cerebro, a través de los canales auditivos, haces de luz en longitudes de onda similares a las de la luz solar. Las pruebas realizadas con el dispositivo han arrojado resultados muy prometedores.
Millones de personas en el mundo experimentan durante el invierno un trastorno conocido como Trastorno Afectivo Estacional (TAD)que se cree está originado por la insuficiencia de luz solar.
Los individuos que padecen este trastorno, que es más común en los lugares de mayor latitud, con inviernos prolongados y pocas horas de luz al día, pueden sufrir depresión severa con riesgo de suicido y, además, suelen sentirse muy bajos de energía.
Hasta ahora, el TAD había sido tratado mediante exposición repetida a luz de gama completa, difundida por lámparas fluorescentes. Sin embargo, la eficiencia de esta terapia ha sido siempre dudosa.
Recientemente, investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, han descubierto que regiones cerebrales sensibles a la luz jugarían un papel más importante en el desarrollo de los síntomas del TAD que los propios ojos.
Por esta razón, los científicos han desarrollado unos auriculares que proyectan luz a través de los canales auditivos, para hacerla llegar hasta unas proteínas fotosensibles presentes en la superficie del cerebro. Los resultados obtenidos por el momento en el tratamiento del TAD con este sistema han resultado prometedores.
Proteínas fotosensibles en la superficie cerebral
El dispositivo ha sido desarrollado por un fisiólogo de la Universidad de Oulu llamado Juuso Nissilä, después de que éste realizara una investigación en la que se descubrieron proteínas fotosensibles en la superficie de los cerebros de animales.
Profundizando en este campo, Nissilä halló también que un tipo de proteínas fotosensibles que se encuentran en la retina humana(OPN3), también está presente en 18 regiones del cerebro humano.
Además, el investigador descubrió que estas proteínas son abundantes en áreas implicadas en la producción y almacenamiento de la serotonina, la melatonina y la dopamina, que son neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo y con el sueño.
Según publica MedicalXpress, las proteínas OPN3 del cerebro, y no las de los ojos, serían las que tienen un gran impacto en las fluctuaciones del estado de ánimo asociadas a los cambios de luz del día. Y que los canales auditivos son las mejores vías para alcanzar las áreas cerebrales en las que dichas proteínas se encuentran.

Por qué emplear los canales auditivos
Nissilä, en declaraciones recogidas por TheEngineer explica que: “Proyectar luz en el cerebro a través de los oídos es una fórmula mucho más eficiente que el uso de una lámpara, en la aplicación de la terapia lumínica. No existen evidencias de que la proyección de la luz sobre los ojos tenga un efecto sobre el estado de ánimo, y nosotros tenemos evidencias de que estas proteínas de la superficie del cerebro sí que están implicadas (en el humor)”.
Nissilä afirma que el hueso es realmente un muy buen transmisor de luz (si pones una linterna dentro de un cráneo, verás su haz muy claramente). Y que, por eso, la luz puede alcanzar la superficie cerebral a través del cráneo.
Para hacerla llegar hasta allí, se usan los canales auditivos por dos razones. La primera, porque el cráneo rodea de cerca el área del canal auditivo y, por tanto, por esta vía puede hacerse llegar al cerebro una muy buena proporción de luz.
La segunda razón es que hay comparativamente pocos vasos sanguíneos en la superficie del cerebro en este punto, un aspecto que resulta clave porque la sangre absorbe mucho la luz.

Dispositivo comercialmente disponible
Para desarrollar el casco auricular de luz, Nissilä ha co-fundado una compañía bautizada como Valkee. El aparato creado contiene en cada auricular un White LED (diodo orgánico que emite luz blanca más brillante) que produce luz en longitudes de onda cercanas a las de la luz solar. Los investigadores de Valkee han publicado recientemente los resultados de su primera prueba clínica con este sistema en la revista Medical Hypothesis.
Estas pruebas fueron realizadas con pacientes que recibieron entre ocho y 12 minutos de luz brillante de entre 6,0 y 8,5 lúmenes diariamente, en ambos canales auditivos y durante cuatro semanas.
Pasado este tiempo, los resultados de un cuestionario de auto evaluación realizado a los pacientes demostraron que un 92% de éstos, con síntomas de TAD severo, se curaron completamente del trastorno. Otro cuestionario, de evaluación psiquiátrica, arrojó una tasa de curaciones del 77%.
A raíz de estos resultados tan positivos, los investigadores planean ahora seguir profundizando en los efectos de esta terapia, en sus dosis y en su posible efecto placebo. Actualmente, los auriculares de luz ya están disponibles comercialmente en Europa, y se pueden adquirir por 290 euros.
Según sus creadores, el dispositivo puede usarse para tratar estados de ánimo negativos relacionados con el TAD, como la ansiedad, la fatiga o la reducción del rendimiento cognitivo. En futuros estudios, se analizará su eficiencia en el tratamiento del jet lag y de las migrañas.


Fuente: tendencias21.net

jueves, 8 de marzo de 2012

El mal sueño en los adultos mayores

Cuando se enfrentan a situaciones estresantes, los adultos mayores que duermen mal muestran niveles elevados de un marcador asociado con la inflamación, halla un estudio reciente.
El marcador, llamado interleuquina 6 (IL-6), se ha relacionado con una variedad de problemas de salud, como la enfermedad cardiovascular, la diabetes y los problemas psiquiátricos.
"Nuestro estudio sugiere que, para las personas sanas, todo se trata del sueño y lo que el mal sueño podría estarle haciendo a nuestra respuesta fisiológica al estrés, nuestra respuesta de lucha o huída", apuntó en un comunicado del Centro Médico de la Universidad de Rochester la autora del estudio Kathi Heffner, profesora asistente de psiquiatría del centro.
El estudio fue publicado en línea como avance de su aparición en una próxima edición impresa de la revista American Journal of Geriatric Psychiatry.
El estudio incluyó 45 mujeres y 38 hombres con una edad promedio de 61 años. Aunque todos los participantes tenían una buena salud en general, alrededor de 27 por ciento dormían mal. En comparación con los que dormían bien, los que dormían mal reportaron más síntomas de depresión, más soledad y más estrés en general.
Al inicio del estudio, los niveles de IL-6 no diferían entre las personas que dormían bien y las que dormían mal. Sin embargo, cuando se les administró una batería de pruebas verbales y de memoria con la intención de estresarles, los niveles de IL-6 de los que dormían mal subieron más que los de los que dormían bien.

Los investigadores concluyeron que las personas mayores que no duermen de forma adecuada podrían estar en mayor riesgo de problemas de salud mental y física porque el mal sueño cambia la forma en que el sistema inmunitario responde al estrés, lo que resulta en una mayor inflamación.
"Este estudio ofrece más evidencia de que un mejor sueño no solo puede mejorar la salud en general sino también ayudar a prevenir malos resultados fisiológicos y psicológicos asociados con la inflamación", apuntó Heffner.
Aunque un declive gradual en el sistema inmunitario es una parte normal del envejecimiento, los autores del estudio concluyeron que tratar los trastornos de sueño en los adultos mayores podría ayudar a prevenir ciertas enfermedades.
"Entre los adultos mayores hay muchos problemas del sueño", concluyó Heffner. "Los adultos mayores no tienen por qué dormir mal. Podemos intervenir en los problemas de sueño en la adultez tardía. Ayudar a una persona mayor a que duerma mejor podría reducir el riesgo de resultados malos asociados con la inflamación".

Fuente: University of Rochester Medical Center, news release, March 1, 2012

jueves, 16 de febrero de 2012

Sueño de los niños

Entre la televisión, las computadoras, los teléfonos celulares, las tareas escolares y las actividades extracurriculares, los padres se preocupan de que sus hijos estén tan ocupados que no duerman lo suficiente.
Pero una revisión reciente sugiere que no se trata de un nuevo problema, y quizás en realidad no sea un problema en lo absoluto.
"Los niños duermen menos que antes, ya que el sueño se ha reducido en alrededor de 1.25 horas en los últimos cien años", apuntó el coautor de la revisión Tim Olds, profesor de ciencias de la salud del Instituto Sansón de Investigación sobre Salud de Adelaida, Australia.
Pero, señaló, no está claro si los niños en realidad echan en falta ese sueño adicional.
"Los 'expertos' en salud siempre han recomendado que los niños duerman más de lo que hacen, independientemente de qué tanto duermen", explicó.
Además, incluso hace cien años, los padres pensaban que sus hijos se quedaban cortos con el sueño. En su revisión, Olds y colegas citaron un estudio de 1905 que afirmaba que "el estrés y el ajetreo de la vida moderna demandan una mayor actividad cerebral, y para que las energías mentales puedan durar, es obvio que hay que obtener descanso para el cerebro".
Para 1923, las cosas no habían mejorado mucho. Los investigadores hallaron esto en la literatura de investigación de la época: "la complejidad y el ajetreo de la vida moderna no solo afectan [los patrones de sueño] de los adultos, sino que se reflejan en los niños".
Algo interesante es que independientemente de la fuente de la preocupación sobre el sueño (los libros de texto de la escuela, la radio, la televisión, internet), los expertos opinaban que la única forma de contrarrestar la 'sobreestimulación' del cerebro provocada por la última tecnología era dormir.
Tras revisar cien años de investigación, Olds y colegas hallaron 32 conjuntos distintos de recomendaciones sobre el sueño.
Pero los investigadores no pudieron hallar ninguna evidencia convincente para respaldar esas recomendaciones sobre el sueño para los niños, los de ahora o los de antes. Y entre 1897 y 2009, las recomendaciones sobre el sueño nocturno se redujeron en unos 0.71 minutos por año.
Por coincidencia, la cantidad de sueño que los niños obtenían se redujo en el mismo periodo en unos 0.73 minutos por año.
En general, los niños constantemente dormían menos de lo que los expertos en sueño recomendaban. En promedio, los niños dormían 37 minutos menos que cualquier recomendación 'óptima' de la época, anotaron los autores del estudio.
Olds apuntó que probablemente no haya un número fijo de horas de sueño que sea ideal para todos los niños.
"Hay una gran variabilidad del sueño óptimo entre los niños. Quizás un niño funcione mejor con siete horas, y otro con once", dijo.
En la revisión, los investigadores anotaron que solo porque un niño duerma hasta tarde no necesariamente significa que necesite más sueño. Igual que la gente puede comer sin hambre, los niños podrían dormir más aunque en realidad no lo necesiten, explicaron los autores.
Apenas la semana pasada, investigadores de la Universidad de Brigham Young (BYU) reportaron que la mayoría de adolescentes de 16 a 18 no duermen las nueve horas por noche recomendadas por las directrices federales, y sin embargo les va mejor en la escuela cuando solo duermen siete horas cada noche.

¿Uno de los motivos? 

Las directrices federales actuales se basan en estudios en que simplemente se les indicó a los adolescentes que durmieran hasta sentirse satisfechos, anotaron los investigadores de la BYU.
"Si se usara el mismo método como pauta sobre cuánto deben comer las personas, se les colocaría en una despensa bien llena y simplemente se observaría cuánto comían hasta sentirse satisfechas", apuntó en una declaración de la universidad el investigador líder Mark Showalter. "No parece algo correcto".
Olds, el coautor de la revisión, sí recomendó que los padres "intenten igualar el sueño entre los días en que van a la escuela y los que no para evitar el sueño yo-yo". También apuntó que los padres deben estar atentos a señales de somnolencia.
Según la Dra. Edith Chernoff, médica de enfermedades crónicas del Hospital Pediátrico La Rabida en Chicago, la somnolencia diurna es una señal clave de que el niño no duerme lo suficiente.
"Estudie a sus propios hijos y vea qué tan bien les va durante el día", recomendó. Si tienen sueño durante el día o temprano de noche, probablemente no estén durmiendo lo suficiente.
Chernoff dijo que los padres no deben preocuparse si tienen problemas para despertar a los niños por la mañana, ya que no es necesariamente una señal de falta de sueño. Planteó que si los niños pequeños tienen muchas rabietas y se rehúsan a ir a la cama, pero luego se duermen rápidamente, probablemente no estén durmiendo lo suficiente.
Chernoff aseguró que la moraleja es hacer lo que funcione para cada familia.
"Este estudio señaló que todos estamos preocupados sobre los niños y el sueño, y que esto no ha cambiado en más de cien años, aunque realmente no comprendamos cuánto sueño es suficiente", comentó Chernoff.
Quizás hoy en día los padres sientan que tienen razón de estar más preocupados sobre el hecho de que los aparatos llenen el tiempo libre de sus hijos. Pero Olds señaló que las distracciones de hoy en día probablemente no sean peores que las de hace tiempo.
"El estudio sobre las directrices de sueño nos muestra que padres y educadores están preocupados sobre cualquiera que sea la tecnología nueva de la época: la radio, la televisión, internet. No creo que la tecnología de hoy en día sea particularmente nociva, aparte de su ubicuidad, que dificulta que los padres la controlen. En veinte años, nuevas tecnologías serán el foco de preocupación, quizás computadoras que se puedan usar como ropa, o interpretadores de las ondas cerebrales", añadió Olds.
Los resultados de la revisión sobre el sueño fueron publicados en línea el 13 de febrero, y aparecerán en la edición impresa de marzo de la revista Pediatrics.

Fuentes: Timothy Olds, Ph.D., professor, health sciences, Sansom Institute for Health Research, Adelaide, Australia; Edith Chernoff, M.D., chronic disease physician and medical director, Premier Kids program, La Rabida Children's Hospital, Chicago; March 2012, Pediatrics

martes, 10 de enero de 2012

Riesgo de trastornos del estado de ánimo en niños

Los niños pequeños que se saltan las siestas diurnas podrían estar en mayor riesgo de trastornos del estado de ánimo más adelante en la vida, indica un estudio reciente.
Los investigadores observaron a niños pequeños de 30 a 36 meses de edad, y hallaron que privarles de una sola siesta diaria resultaba en más ansiedad, niveles más bajos de alegría e interés, y menores capacidades de resolución de problemas.
"Muchos niños pequeños de hoy día no duermen lo suficiente, y para ellos, las siestas diurnas son una forma de asegurar que sus 'tanques de sueño' estén llenos cada día", señaló en un comunicado de prensa de la Universidad de Colorado la líder del estudio Monique LeBourgeois, profesora asistente del departamento de fisiología integradora de la universidad, en Boulder.
"Este estudio muestra que la falta de sueño en la forma de saltarse las siestas afecta la forma en que los bebés expresan distintos sentimientos, y con el tiempo podría conformar sus cerebros emocionales en desarrollo y ponerlos en riesgo de problemas relacionados con el estado de ánimo para toda la vida", explicó.
Los investigadores grabaron en video las expresiones emocionales de los niños pequeños mientras trabajaban en rompecabezas de imágenes solubles e insolubles en dos días distintos. Un día, la prueba se llevó a cabo una hora después de que los niños pequeños hicieran su siesta diurna normal de 90 minutos. Otro día, a los niños se les privó de sus siestas, y recibieron la prueba una hora después de su hora normal de siesta.
Cuando les privaron de la siesta, los niños experimentaron un descenso de 34 por ciento en las respuestas emocionales positivas tras completar los rompecabezas solubles, un aumento de 31 por ciento en las respuestas emocionales negativas cuando no pudieron completar los rompecabezas insolubles, y una reducción de 39 por ciento en la expresión de confusión cuando intentaban completar los rompecabezas insolubles.
"La confusión no es mala. Es una emoción compleja que muestra que el niño sabe que algo no sale bien", anotó LeBourgeois. "Cuando los niños que han dormido bien experimentan confusión, son más propensos a buscar ayuda de los demás, que es una respuesta positiva y adaptativa que indica que están cognitivamente involucrados en su mundo".
Según el comunicado, en general el estudio muestra que saltarse una siesta diurna podría hacer más difícil que los niños pequeños aprovechen del todo las experiencias emocionales e interesantes y que se adapten a nuevas frustraciones.
"Igual que una buena nutrición, el sueño adecuado es una necesidad básica que da a los niños la mejor oportunidad de obtener lo más importante de las personas y las cosas que experimentan cada día", señaló LeBourgeois.
El estudio aparece en línea y en una próxima edición impresa de la revista Journal of Sleep Research.

Fuente: University of Colorado Boulder

Problemas de sueño de los bebés


Malas noticias para los nuevos padres exhaustos deseosos de dormir: no se puede suponer simplemente que los problemas de sueño del bebé son normales y esperar que pasen pronto.
Un estudio realizado en Estados Unidos y publicado en la revista Pediatrics halló que los bebés con problemas de sueño son varias veces más propensos a seguir teniendo dificultades para dormir en la niñez, comparado con los bebés con buen descanso.
Investigadores del Centro Médico del Hospital de Niños de Cincinnati hallaron que uno de cada 10 menores de 3 años tiene problemas de sueño como pesadillas, despertares, dificultad para quedarse dormido o incapacidad de dormir en su propia cama, resultados que se encuentran en el rango de otros estudios.
"Muchas veces el mensaje es, 'No se preocupe, esto es típico y mejorará'", dijo Kelly Byars, psicóloga pediátrica autora del nuevo estudio.
Pero su equipo descubrió, y otros expertos coinciden, en que esto frecuentemente no es normal.
Los problemas del sueño "definitivamente empiezan temprano y (los investigadores) mostraron que persisten por años", dijo Lisa Meltzer, especialista en sueño infantil de National Jewish Health en Colorado, quien no participó del estudio.
"Los niños no superan solos los problemas de sueño y sus datos muestran esto bastante claramente", agregó Meltzer.
Los investigadores encuestaron a más de 250 madres sobre las conductas de sueño de sus hijos cuando tenían 6, 12, 24 y 36 meses de vida.
Si los chicos comenzaban sin problemas de sueño, eran buenas las posibilidades de que nunca aparecieran, reveló el estudio. Pero entre 21 y 35 de cada 100 niños con un problema de sueño continuaron teniéndolo más adelante.
El equipo también halló que los tipos de problemas de sueño cambiaban a medida que los niños crecían.
Cuando los pequeños tenían menos de 2 años, los problemas más comunes informados incluían dificultad para dormirse y permanecer dormidos. A los 3 años, los niños tenían con más frecuencia pesadillas y sobresaltos durante el sueño.
Mientras que los trastornos formales del sueño son considerados médicamente más graves, Byars dijo que los problemas para dormir pueden tener un impacto sobre el humor, la atención, el aprendizaje y el desarrollo de los niños, sin mencionar la falta de descanso en los padres.
"El sueño tiene que ser una prioridad para toda la familia. Los padres deben tener rutinas y horarios de sueño y de despertar consistentes. La investigación ha demostrado que todas estas cosas son muy importantes", dijo Meltzer.

Fuente: Reuters Health

martes, 22 de noviembre de 2011

Superar los problemas del sueño en los niños

Los padres son, en ocasiones, los responsables de los problemas de sueño de sus hijos, ya que les permiten acostarse demasiado tarde o les consienten hábitos inadecuados. Las malas relaciones familiares o las disputas entre los progenitores son otras causas que alteran el sueño de los pequeños. Los niños que soportan peleas frecuentes entre sus padres y que viven en un ambiente familiar cargado temen quedarse dormidos.


Pautas para corregir alteraciones del sueño
A menudo, conseguir que el niño se duerma es una verdadera pesadilla para sus padres. Aunque el insomnio es raro entre la población infantil, los pequeños sufren frecuentes alteraciones del sueño. La razón principal: unos malos hábitos de descanso. "A los niños, desde que son lactantes, hay que enseñarles a que mantengan unas pautas de sueño constantes. Es fundamental que se acuesten siempre a la misma hora y que duerman las horas que precisan", explica Enrique Bauzano, especialista en neurofisiología. Los cambios de ese horario o las alteraciones de las costumbres del sueño provocan que los menores duerman poco y mal por las noches y que estén somnolientos e irritables durante el día. Además, el malestar aumenta la ansiedad de los pequeños y de sus familias, que no descansan bien.
El 2% de todas las consultas de pediatría están motivadas por alteraciones del sueño. "La dificultad de los niños para dormir con normalidad no solo les afecta a ellos, sino que también la sufren sus padres, que son quienes, cuando la situación se prolonga demasiado, deciden llevarlos al médico", precisa Bauzano, quien añade que, en esos casos, lo prioritario es diagnosticar correctamente el trastorno para saber sus causas y poder atajarlas.
El sueño es una función fisiológica compleja que requiere una integración cerebral completa. Las modificaciones del mismo en la infancia, entre ellas el insomnio, pueden tener repercusiones de importancia en el desarrollo integral del niño. El insomnio es un trastorno que se define como la incapacidad o dificultad para iniciar o mantener el sueño, lo que origina frecuentes despertares ante cualquier estímulo.

Las causas del insomnio son diversas:
Las más usuales se relacionan con aspectos psicológicos, ambientales, familiares y sociales. Hay niños que adquieren una conducta noctámbula y carecen de una disciplina para acostarse: se van a la cama demasiado tarde. En esa circunstancia, los padres deben imponer el denominado toque de queda, según los médicos. Este implica enviar a sus hijos a descansar a una hora lógica. Junto con ello, no hay que ceder a los mecanismos y artimañas que los menores desarrollan para estar más tiempo despiertos.
La alergia a la comida o la intolerancia a la leche de vaca también dificultan el descanso, puesto que quien lo sufre se despierta con asiduidad durante la noche y se siente incómodo.
Las causas orgánicas acentúan estos problemas. Las más habituales son la otitis (dolor de oído), la dermatitis (escozor o picor en la piel), la obstrucción de las vías aéreas superiores (dificultad para respirar), el reflujo gastroesofágico (los restos de comida se vienen de improviso a la boca), la mala nutrición y el retraso del crecimiento.
En cuanto a los métodos para corregir el insomnio infantil, unas veces son farmacológicos -cuando el trastorno lo provoca una causa orgánica- y otras, la mayoría, se basan en cambiar los hábitos incorrectos del niño por otros más adecuados que favorezcan su descanso. "Al marcar un horario e impedir que trasnochen, se logrará un paso muy importante para corregir las alteraciones", destaca el doctor Bauzano.
El especialista agrega que el futuro del sueño dependerá del hábito que los padres inculquen a sus hijos. Si están sanos y no les pasa nada, hay que hacerles cumplir la hora fijada para acostarse. En este asunto, la educación que se reciba es clave. Si el niño padece alguna enfermedad, hay que llevarlo pronto al médico para que la diagnostique y ponga un tratamiento.
Además del insomnio, hay una gama de trastornos que impiden a los menores conciliar el sueño
Pero además del insomnio, hay una gama de trastornos que impiden a los menores conciliar el sueño. Los más frecuentes son: despertares confusos o incompletos, terrores nocturnos, pesadillas, sonambulismo, rabietas, arritmias motoras (movimientos repentinos que el niño precisa hacer para dormirse), calambres nocturnos, bruxismo (rechinar de dientes), enuresis (orinarse en la cama), hablar solo en sueños...
Mención especial merecen las parasomnias -están relacionadas con la epilepsia-, que son un trastorno del sueño que no sucede por exceso o por defecto, sino por ciertas alteraciones. Los despertares paroxísticos y episódicos, la epilepsia frontal nocturna (despertar brusco) y el errabundismo, que consiste en caminar e incluso correr por la casa sin rumbo y mientras se repiten una serie de palabras. Al día siguiente, el niño no se acuerda de nada. Las parasomnias se suelen tratar en la actualidad con fármacos antiepilépticos.

Fuente: consumer.es

lunes, 12 de septiembre de 2011

"Deuda de sueño" y problemas de atención en jóvenes

Los estudiantes secundarios que tratan de compensar la falta de sueño el fin de semana, rinden menos en los test de atención en la escuela que lo que no duermen de más.
Un equipo de Corea del Sur asegura que los resultados sugieren que la "deuda de sueño" acumulada durante la semana reduciría los recursos intelectuales de los adolescentes.
"Son como un banco: siempre están sobregirados", opinó el doctor David Gozal, experto en trastornos infantiles del sueño de la University of Chicago y que no participó del estudio.
"Si uno no maneja bien la tarjeta de crédito, estará en bancarrota rápidamente", añadió.
Los 2.600 estudiantes secundarios coreanos estudiados dormían en promedio 5,42 horas por día de lunes a viernes. El fin de semana, sumaban casi tres horas de sueño, según cuestionarios.
Los que más dormían los fines de semana rendían menos en las tareas computarizadas de atención durante la clase, señaló el equipo de Seog Ju Kim, de la Universidad de Medicina y Ciencia de Gachon, en Incheon.
Aunque los resultados no prueban que la falta de sueño sea la causa, tampoco podrían explicarse según las diferencias en edad, sexo, depresión o ronquidos, publica Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine.
Los trastornos de atención no estuvieron asociados con la cantidad de horas que los adolescentes dormían durante la semana. Para Gozal, eso tiene sentido porque algunos superan la falta de sueño, mientras que otros necesitan compensar la deuda los fines de semana.
"La atención y la función ejecutiva son el primer paso para el éxito académico. Hay suficientes pruebas en animales de que la necesidad de dormir no se puede pasar por alto", dijo el autor.
Gozal explicó que, aunque los alumnos coreanos dormirían menos que los estadounidenses, el sueño también se volvió un bien escaso en Estados Unidos, entre adolescentes, adultos y hasta bebés.
Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos, los niños y los adolescentes deberían dormir por lo menos nueve horas por noche, aunque algunos pueden dormir menos.
"En una sociedad muy influida por el rendimiento académico, un niño o adolescente que necesita compensar la falta de sueño el fin de semana es, quizás, una persona en riesgo", dijo el experto.

Fuente: Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine

miércoles, 15 de junio de 2011

Presión para ser delgada

Algunas personas podrían perder sueño por la presión para que sean delgadas, sobre todo las chicas jóvenes blancas que son presionadas por sus amigas a perder peso o a permanecer delgadas, según un estudio reciente.
"Hay una cantidad significativa de investigación en otras áreas sobre la presión que sufren las chicas adolescentes por minimizar el peso corporal, pero esta presión en su relación con la salud del sueño es un tema menos explorado, y sus consecuencias se desconocen casi en su totalidad", anotó la investigadora principal del estudio Katherine Marczyk, estudiante doctoral en psicología clínica de la salud y medicina conductual de la Universidad del Norte de Texas en Denton, Texas. "Estos resultados son importantes, ya que este descubrimiento podría ser uno de los primeros pasos en esta investigación", explicó en un comunicado de prensa de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (American Academy of Sleep Medicine).
Al conducir el estudio, que será presentado el martes en la reunión anual de la Asociación de Sociedades Profesionales del Sueño (Associated Professional Sleep Societies) en Minneapolis, los investigadores pidieron a 789 estudiantes de escuela intermedia de Texas, todas de sexo femenino y con un promedio de edad de doce años, que describieran cuánta presión sentían por perder peso y ser delgadas.
Las niñas también señalaron las fuentes de dicha presión, que incluía a sus pares, familiares, amigos y los medios de comunicación. Entonces, los investigadores evaluaron la calidad del sueño de las niñas para medir cómo esta presión externa por ser delgadas afectaba cuánto dormían.
La presión por ser delgadas que las niñas sentían de sus amigas además de los medios de comunicación predecía significativamente la duración del sueño, dando cuenta de 4.5 por ciento de la diferencia en la cantidad que dormían las niñas.
Esa discrepancia en la duración del sueño subió a seis por ciento en las niñas blancas (alrededor del 60 por ciento de las participantes del estudio) que se enfrentaban a presión por ser delgadas de parte de sus amigas, encontraron los investigadores.
Los autores del estudio añadieron que perder el sueño podría poner a las chicas jóvenes en riesgo de otros problemas de salud, que incluyen un aumento en la ansiedad y la depresión.
Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por colegas.

Fuente: American Academy of Sleep Medicine

lunes, 23 de mayo de 2011

Los niños obesos y asmáticos son más propensos a padecer somnolencia

Los niños pequeños con problemas de sobrepeso, asmáticos, que padecen ansiedad o presentan un cuadro de depresión infantil son más propensos a experimentar somnolencia diurna excesiva, también conocida como SED. Ésta es la conclusión a la que, tras varios años de estudio, ha llegado un equipo de científicos de medicina del sueño de la Universidad estatal de Penn, en Estados Unidos. Los resultados de la investigación han aparecido publicados en la revista especializada Sleep.
La somnolencia diurna excesiva, conocida por sus siglas SED, es la incapacidad de mantenerse despierto durante el día. Esta definición general aparece publicada en el portal web de la Biblioteca Nacional de la Medicina de Estados Unidos.
Las personas que sufren esta patología, cuyos índices se han incrementado en los últimos años, se quedan dormidos en los lugares más insospechados: en clase, en el trabajo, en la consulta del médico, durante una cena…
Esto se debe a varios factores: uno de ellos es no dormir al menos ocho horas diarias (tiempo recomendado para que el cuerpo se recupere), y otro es la mala alimentación.
Especialistas en medicina del sueño de la Universidad estatal de Penn, de Estados Unidos, han hallado ahora una relación directa entre la obesidad, el asma, la ansiedad y la depresión, y la incidencia de este desorden del sueño en niños pequeños, informa una nota de prensa emitida por dicha universidad.
"A pesar de que en los niños la somnolencia excesiva diurna es una patología comúnmente conocida por los médicos, ya que es el resultado de trastornos respiratorios del sueño o la existencia de un tiempo de sueño insuficiente, nuestros datos sugieren que, entre los pequeños, la SED está fuertemente asociada con problemas de obesidad y del estado de ánimo, tal y como sucede en los adultos”, explica Edward Bixler, profesor de psiquiatría y vicepresidente del Centro de Investigación y Tratamiento del Sueño de esta Universidad, quien, junto con Susan L. Calhoun, Alexandros N. Vgontzas, Julio Fernández Mendoza, Susan D. Mayes, Tsaoussoglou Marina y Maria Basta, ha realizado esta investigación científica.
Hasta el momento, los artículos realizados sobre los factores de riegos asociados con la SED en niños son escasos, en comparación con las múltiples investigaciones hechas sobre el tema con población adulta, indica el autor del estudio.
Pero, a pesar de ello, esta enfermedad afecta a la vida diurna de los pequeños, e “incluso puede interferir en su rendimiento escolar.
Nuestro estudio indica que la SED es altamente prevalente en los niños, un síntoma que puede afectar negativamente el funcionamiento durante el día", matiza Bixler. Los investigadores publicaron sus resultados en la revista Sleep.

Fases de la investigación
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores establecieron dos fases diferenciadas. En la primera de ellas, y con objeto de realizar una criba inicial, elaboraron un cuestionario dirigido a los padres con el fin de identificar a los niños con un alto riesgo de trastornos respiratorios del sueño, y para clasificarlos en el grupo de pequeños con SED.
El cuestionario, enviado a los padres de cada uno de los pequeños, escolarizados en diferentes cursos - desde la etapa preescolar hasta 5º curso- de cuatro distritos diferentes, les solicitaba información relacionada con el sueño de sus hijos y sus pautas de comportamiento.
"¿Tiene su hijo problemas de somnolencia durante el día?" o "¿Algún maestro u otro supervisor comentó que su hijo parece adormilado durante el día?" fueron algunas de las preguntas formuladas por los investigadores a los padres de los niños participantes.
Tras este primer filtro, los investigadores comenzaron a trabajar en una segunda fase de investigación. En ella, seleccionaron al azar a 200 niños cada año durante un periodo de cinco años, y registraron la estatura, peso, índice de masa corporal y el diámetro de la cintura de cada uno de ellos. Este último dato es un indicador de obesidad central y de alteraciones metabólicas.
De todos ellos, los investigadores seleccionaron a 508 niños con edades comprendidas entre los 5 y los 12 años, de los cuales el 15% ya padecía somnolencia excesiva diurna, es decir, lo que representa un total de 77 pequeños. Por sexos, el 51,8% de los niños estudiados fueron varones, y el 48,2% niñas.
Durante la noche que los pequeños debían pasar en el laboratorio del sueño, los investigadores analizaron pormenorizadamente si los niños presentaban indicios de apnea del sueño.

Conclusiones del estudio
A modo de conclusión, los investigadores encontraron que la circunferencia de la cintura, la presencia del asma y el uso de medicación para aliviar sus efectos, así como la acidez estomacal y otros problemas para dormirse, como sueño agitado y despertarse frecuentemente durante la noche, eran indicadores significativos asociados con la somnolencia excesiva diurna infantil.
A raíz de estos resultados, Bixler recomienda, para el tratamiento de la somnolencia excesiva diurna en los niños, que en el tratamiento se incluya: “Si el niño tiene sobrepeso, la pérdida de peso; el tratamiento de los síntomas depresivos o de ansiedad subyacentes, si es que existen; y la aplicación de métodos de prevención del asma nocturna, si el niño es diagnosticado con asma".

Fuente: tendencias21.net

lunes, 14 de marzo de 2011

Los ronquidos y apneas de sueño en la infancia dificultan el desarrollo cognitivo de los más pequeños

Así lo han destacado los expertos reunidos en Sevilla con motivo de la XX Reunión Anual de la Sociedad Española del Sueño (SES), que se celebra desde hoy hasta el próximo día 12 de marzo en la capital andaluza.
“Ante la existencia de ciertos síntomas, como ronquidos y apneas (pausas respiratorias) durante el sueño debe iniciarse un tratamiento precoz, ya que sus consecuencias afectan tanto al sistema cardiovascular como al metabólico, además de influir sobre el comportamiento y el rendimiento cognitivo de los más pequeños”, comenta la doctora Milagros Merino, neurofisióloga y miembro de la Sociedad Española del Sueño.


Una recomendación especialmente importante si se tiene en cuenta que, en España, aproximadamente un tercio de la población pediátrica, que incluye niños y adolescentes, tiene algún trastorno del sueño.
Así lo han destacado los expertos reunidos en Sevilla con motivo de la XX Reunión Anual de la Sociedad Española del Sueño (SES), que se celebra desde hoy hasta el próximo día 12 de marzo en la capital andaluza.
En este congreso, más de 400 especialistas de gran prestigio en trastornos del sueño están debatiendo temas de gran interés, tanto desde el punto de vista científico como desde el punto de vista social, como el insomnio, Síndrome de Piernas Inquietas (SPI), apnea del sueño, narcolepsia, depresión, hipersomnias y otros temas relacionados con el sueño como la medicina oral, la relación entre sueño y memoria o los trastornos del movimiento.
En concreto, los somnólogos advierten de que si no se trata de forma eficaz a los niños o adolescentes que duermen mal por presentar ronquidos o apneas de sueño existe un aumento del riesgo cardiovascular, ya que cada apnea finaliza con un ronquido, una reducción de la saturación del oxígeno en la sangre y taquicardia; por la aparición de consecuencias metabólicas, puesto que la falta de sueño favorece la aparición de obesidad, diabetes mellitus y un crecimiento más lento de lo normal; y alteraciones en el comportamiento y rendimiento cognitivo de los pequeños: habitualmente los niños que duermen mal se vuelven muy inquietos, irritables y no prestan atención.
A la hora de evaluar la relación entre el déficit de atención e hiperactividad (TDAH), una enfermedad que afecta al 10% de la población infantil, y los trastornos del sueño, la Dra. Merino reconoce que se trata de una relación bidireccional. “Cuando un niño duerme mal, durante el día suele estar irritable, hiperactivo y no atiende en clase. Por otra parte, los niños diagnosticados de TDAH duermen peor que los demás, presentan mayor frecuencia de apneas durante el sueño, movimientos periódicos en las piernas, síndrome de piernas inquietas, trastornos circadianos (ciclos de 24 horas) de la fase del sueño y, en algunos casos, parasomnias como sonambulismo, pesadillas o terrores nocturnos”, explica la especialista.
Los especialistas también han abordado los trastornos de movimiento durante el sueño como uno de los problemas que más pueden condicionar la calidad de vida de niños y adolecentes. “Estos trastornos afectan en la medida en que provoquen interrupciones frecuentes del sueño.
Los despertares, o microdespertares, secundarios a los movimientos periódicos en las piernas, los movimientos rítmicos relacionados con el sueño o el bruxismo acaban desencadenando una excesiva somnolencia diurna, fatiga y déficit de atención provocados por la excesiva fragmentación del sueño y, consecuentemente, por la privación crónica del sueño”, concreta la Dra. Merino.
Protocolo de actuación
Hasta el momento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha logrado identificar más de 80 trastornos del sueño. “Aunque cada uno debe ser abordado según las diferentes causas que lo provocan, en principio, siempre se deben seguir desde el nacimiento unas correctas medidas de higiene de sueño que pueden ayudar a minimizar los síntomas”, explica la Dra. Merino.
Es el caso del insomnio comportamental, el trastorno más frecuente en la infancia, que presenta problemas en la conciliación del sueño y despertares habituales que dificultan el descanso nocturno de los pequeños. “En líneas generales, este trastorno se puede prevenir con unas adecuadas medidas de higiene del sueño, que deben seguir tanto padres como niños, como establecer rutinas fijas a la hora de acostarse (baño y pijama), cenas ligeras, mantener unos horarios habituales, reducir al mínimo el consumo de televisión, o ignorar las peticiones de atención que ‘por norma’ realizan los pequeños cuando no logran dormirse, entre otras pautas”, detalla Merino.
Sin embargo, si los padres detectan un problema de sueño persistente en su hijo, los especialistas recomiendan consultar directamente al pediatra.
“En los últimos años se han llevado a cabo campañas para fomentar la información sobre los trastornos de sueño en niños y adolescentes y estos profesionales disponen de herramientas que facilitan el abordaje de estos síntomas”, indica Merino y puntualiza: “en cualquier caso, si es necesario, los niños pueden ser evaluados por un especialista en medicina del sueño que, en muchos casos, tiene formación específica de estos trastornos en la población pediátrica.

Fuente: giraldainformacion.com

lunes, 28 de febrero de 2011

Temperatura del hogar, falta de sueño y obesidad

Un nuevo estudio sugiere que factores ambientales, que van desde la dieta hasta el sueño y la temperatura del hogar, influyen en el riesgo de ser obesos.
La comida chatarra y el sedentarismo suelen cargar con gran parte de la responsabilidad de la epidemia de obesidad en el mundo. Pero algunos estudios ya empezaron a indagar el papel de otras características de la vida moderna.



En la nueva investigación, publicada en International Journal of Obesity, el equipo de la doctora Simona Bo, de la Universidad de Turín, en Italia, estudió a casi 1.300 adultos de mediana edad durante seis años. En ese período, 103 se volvieron obesos.
Al analizar varios factores ambientales, el equipo halló que los hábitos de sueño estaban asociados con el riesgo de engordar: por cada hora de sueño diario, la posibilidad de ser obeso disminuía un 30 por ciento, aun tras considerar otros factores, como hacer ejercicio o mirar televisión.
Luego siguió la temperatura del hogar. A diferencia de las personas que mantenían sus hogares a no más de 20 grados centígrados en otoño e invierno, las que preferían un hogar más caluroso eran dos veces más propensos a engordar.
La alimentación también influyó, obviamente: a mayor cantidad de salidas semanales a restaurantes, más posibilidad de engordar. Quienes ingerían poca fibra tenían más riesgo de tener niveles elevados de azúcar en sangre, un signo de diabetes tipo 2.
Nada de esto prueba que bajar la temperatura o dormir más nos hará adelgazar. "No se lo diría a nadie", dijo el doctor David B. Allison, director del Centro de Investigación en Nutrición y Obesidad de la University of Alabama en Birmingham.
Además, son factores del estilo de vida "que se pueden modificar" para controlar el peso, opinó Allison, que no participó del estudio.
"Es posible que bajar el termostato en invierno o usar menos aire acondicionado en verano ayude a adelgazar. Y también a reducir la factura de la luz", señaló.
¿Por qué? Según el experto, el cuerpo quema más calorías cuando tiene que trabajar para mantener su temperatura estable, tanto con el frío como con el calor.
En cuanto al descanso, una teoría apunta a los efectos hormonales de la pérdida de sueño, mientras que otra propone que las personas que duermen poco comerían y beberían más para aumentar los niveles de energía.
¿Algo de esto significa que se puede dejar de lado el ejercicio y prestar más atención al termostato? No. Allison señaló que "casi no hay dudas" de que el ejercicio regular, sin reemplazar esas calorías perdidas con más comida, ayuda a adelgazar.

Fuente: International Journal of Obesity

sábado, 26 de febrero de 2011

Progesterona y sueño

La progesterona resuelve los problemas de sueño en las mujeres posmenopáusicas saludables, informaron investigadores de Estados Unidos y Bélgica.
Los hallazgos se publicaron en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.
"Mientras que los hipnóticos actualmente disponibles aumentan la duración del sueño pero suelen deteriorar la calidad del descanso, con la progesterona mejoraron tanto la duración como la calidad del sueño", dijo la doctora Anne Caufriez a Reuters Health.
La experta de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, y colegas indican que estudios preclínicos demostraron que ciertos metabolitos neuroactivos de la progesterona producen efectos sedativos.


Para investigar más el tema, el equipo reclutó a ocho mujeres saludables de entre 48 y 74 años. Ninguna estaba realizando terapia de reemplazo hormonal ni tampoco habían tomado medicación por lo menos dos meses antes del estudio.
Fueron divididas al azar para recibir una cápsula de 300 miligramos de progesterona o placebo por noche durante un período de tres semanas. El sueño se registró a través de instrumentos de control durante las últimas dos noches.
Todas las voluntarias participaron en orden azaroso en dos estudios separados cada uno por un mes. El estudio placebo precedió al de progesterona en cuatro participantes y siguió al del principio activo en las otras cuatro.
En la primera medición de las últimas dos noches, el sueño fue similar en las pacientes tratadas con el tratamiento activo y con placebo. La mañana siguiente a la primera noche, se insertó un catéter y se tomaron muestras de sangre durante 24 horas a intervalos de 15 minutos.
En la noche final, el proceso de toma de muestras de sangre se relacionó con marcados problemas de sueño, que fueron mucho menores bajo el tratamiento con progesterona.
Los investigadores señalaron que se necesitan más estudios, pero la doctora Caufriez concluyó: "Nuestros hallazgos sugieren que el uso de progesterona (o de análogos de la progesterona específicamente diseñados en un futuro) brindaría novedosas estrategias terapéuticas para el tratamiento de los problemas del sueño, particularmente en los ancianos".

Fuente: Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism

lunes, 21 de febrero de 2011

La exposición a la luz eléctrica antes de dormir influye en la calidad del sueño

La luz eléctrica influye en los niveles de melatonina, una hormona implicada en el sueño, la tensión arterial, la termorregulación e incluso en la glucosa y puede provocar alteraciones en la calidad de nuestro descanso. Así lo refleja un estudio publicado en 'The Endocrine Society's Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism'.
"Nuestros resultados demuestran que la exposición a una iluminación intensa antes de acostarse reduce la secreción de melatonina unos 90 minutos, en comparación con una luz tenue", concluyen los autores de la investigación, del Hospital Brigham and Women y de la facultad de Medicina de Harvard (EEUU).


La melatonina empieza a aumentar en la sangre hacia el anochecer y alcanza el pico máximo unas dos horas después de quedarse dormido, momento a partir del cual los niveles comienzan a bajar. Éste sería el ritmo normal de la hormona, que puede verse alterado, como demuestran los investigadores estadounidenses, por estímulos ambientales como la luz. De hecho, añaden, "si ésta se mantiene durante las horas de sueño, la melatonina se suprime en un 50%".
Así lo corroboran las muestras de sangre de 116 voluntarios sanos entre 18 y 30 años. En el transcurso de cinco días, durante las ocho horas previas al momento de acostarse, algunos estuvieron expuestos a luz intensa y otros a un foco de iluminación más tenue. La diferencia entre ambos grupos es que en los primeros, la secreción de la melatonina comenzaba aproximadamente una hora y media más tarde.
Teniendo en cuenta las numerosas funciones que esta hormona tiene, a largo plazo podría "traducirse en una peor calidad del sueño y podría tener efectos en la habilidad del cuerpo para regular su temperatura, la presión sanguínea y los niveles de glucosa", afirma el principal autor del artículo, Joshua Gooley.
"Hay que preparar al organismo para desconectar e ir a dormir a través de elementos externos. Lo mejor es hacer uso de luces tenues a partir del atardecer y dormir con la mayor oscuridad posible", recomienda el neurofisiólogo.

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Fuente: psiquiatria.com

domingo, 6 de febrero de 2011

El cerebro almacena sólo los recuerdos útiles durante el sueño

La corteza prefrontal y el hipocampo “deciden” qué información retener y cuál olvidar.
Después de una noche de profundo descanso, la gente recuerda mejor la información obtenida durante el día, pero sólo si sabe de antemano que dicha información le resultará útil en un futuro, revela un estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de Lübeck, en Alemania. Según los investigadores, durante la vigilia la corteza prefrontal del cerebro “etiquetaría” los recuerdos potencialmente relevantes y, durante la noche, serían estos recuerdos los únicos que el hipocampo consolidaría en nuestra memoria.
espués de una noche de profundo descanso, la gente recuerda mejor la información obtenida durante el día, pero sólo si sabe de antemano que dicha información le resultará útil en un futuro.
Esto es lo que ha revelado un estudio realizado por científicos de la Universidad de Lübeck, en Alemania, y cuyos resultados han aparecido publicados en The Journal of Neuroscience.
El descubrimiento sugiere que el cerebro evalúa nuestros recuerdos y retiene mientras dormimos preferentemente aquéllos que nos resultarán más relevantes.

Darle importancia a los recuerdos
A lo largo del día las personas recibimos grandes cantidades de información. Mucha de esta información es codificada en recuerdos por el cerebro e inicialmente almacenada, pero la mayoría de ella es olvidada rápidamente.
En el presente estudio, el neurocientífico de la Universidad de Lübeck, Jan Born, y sus colaboradores se dispusieron a determinar cómo se produce este proceso, es decir, cómo el cerebro decide qué información retener y cuál olvidar.
Según declaraciones de Born recogidas en un comunicado de la Society for Neuroscience (SFN) de Washington: “Los resultados obtenidos demuestran que la consolidación de los recuerdos durante el sueño implica un proceso de selección básico que define qué partes de la información cotidiana será almacenada a largo plazo”.
Este proceso de selección estaría basado en la relevancia de dicha información para el futuro. Según los resultados obtenidos, el cerebro seleccionaría para su almacenamiento aquellos datos que nos puedan resultar útiles, explica el científico.
En The Journal of Neuroscience, los autores de la investigación escriben que, por tanto, la importancia que le demos a una información será lo que determine si el sueño beneficiará significativamente o no a su consolidación en la memoria.

Dos experimentos realizados
Born y sus colaboradores llevaron a cabo dos experimentos, con el fin de probar la retención memorística de un total de 191 voluntarios.
En el primero de ellos, se le pidió a una parte de los participantes que aprendieran 40 pares de palabras. En el otro experimento, un segundo grupo de voluntarios jugó a un juego de cartas en el que se debía emparejar imágenes de animales y objetos.
En ambos grupos, a la mitad de los voluntarios se les dijo, inmediatamente después de realizar las tareas, que se les haría una prueba acerca de la información presentada en ellas, 10 horas más tarde. De hecho, finalmente todos los participantes en el estudio se sometieron a esta prueba, pero sólo la mitad de ellos supieron con antelación que la harían.
A algunos de los voluntarios se les permitió además dormir en el intervalo de tiempo entre las tareas y la prueba.
Tal y como los científicos esperaban, los voluntarios que durmieron rindieron mejor en la prueba final, pero sólo en el caso de aquéllos que, además de dormir, habían sido informados de que iban a hacer un examen posteriormente.

Etiquetas y consolidación de la memoria
Los científicos registraron asimismo los electroencefalogramas (EEG) de los individuos que durmieron. De esta forma, descubrieron un incremento de la actividad neuronal durante la fase de sueño profundo o de ondas lentas (SOL), en las personas que sabían que serían examinadas de sus recuerdos.
Según Born: “Cuanto mayor fue la actividad de las ondas lentas en los participantes dormidos, mejor fue su memoria en el test de memoria 10 horas después”.
Hace tiempo que los científicos piensan que el sueño juega un papel clave en la consolidación de los recuerdos.
Los autores del presente estudio sugieren que, durante la vigilia, la corteza prefrontal del cerebro etiquetaría ciertos recuerdos como “relevantes”, mientras que otra región del cerebro, el hipocampo, sería la encargada de consolidar dichos recuerdos durante el descanso.
El hipocampo está implicado en varias funciones cognitivas, entre ellas la de la inhibición, la de la memoria y la de la percepción del espacio.

Fuente: tendencias21.net

martes, 1 de febrero de 2011

Pérdida de audición en el trabajo

La pérdida auditiva relacionada con el trabajo puede llevar a problemas de sueño, según un nuevo estudio.
Investigadores israelíes realizaron pruebas auditivas a 298 empleados de sexo masculino en un lugar de trabajo donde estaban expuestos a niveles nocivos de ruido, y encontraron que 99 de los trabajadores tenían una discapacidad auditiva y 199 una audición normal. Las personas con problemas auditivos tendían a ser mayores y haber estado expuestas a ruido en el trabajo durante más tiempo.
La afección conocida como tinnitus, que es un continuo zumbido en los oídos, se observó en el 51 por ciento de las personas que tenían pérdida auditiva y el 14 por ciento de las personas con audición normal.
El zumbido en los oídos se reportó como el principal factor de alteración del sueño entre los trabajadores. Sin embargo, los problemas de insomnio y otros trastornos del sueño también se encontraron entre las personas que tenían otra discapacidad auditiva, y ni la edad ni los años de antigüedad en el trabajo parecieron jugar un papel en este hallazgo, apuntaron los investigadores de la Universidad Ben-Gurion del Negev, en comunicado de prensa de la universidad.
El estudio, realizado por el estudiante de medicina Tsafnat Test bajo la supervisión de la Dra. Einat K. Sheiner y otros, se publicó en la edición de enero de la revista Sleep.
"La población homogénea del estudio que se expuso a ruidos nocivos idénticos en el mismo lugar de trabajo nos permitió comparar la calidad del sueño entre grupos similares que sólo diferían por el estado de su audición", explicó Test en el comunicado de prensa.

Fuente: Ben-Gurion University of the Negev

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